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¿Cómo orientar a los niños hacia un APRENDIZAJE CREATIVO Y FELIZ?


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Actividad Multimedia: Aprendiendo a convivir

Actividad para niños de 0 a 5 años:

Unidad didáctica en formato multimedia interactivo, que pretende ser una herramienta de inicio en el manejo del ratón, trabajando contenidos relativos a la importancia de compartir y colaborar. La unidad se estructura en varios bloques de contenidos con historias, juegos, audiciones y actividades lúdico-didácticas que facilitan el aprendizaje.


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Seguimos con la ventana de Johari: cómo conocer nuestro «dos»

En una entrada anterior, publicada el 11 de Mayo de 2012, nos acercábamos a: «La ventana de Johari» . LLegamos a la conclusión de que en el «dos»  reside nuestra felicidad y si es así….¿cómo podemos conocer nuestro dos ?

Siguiendo a Fernando Muguruza: «El mundo de los sentimientos se conoce a base de bucearlo y compartirlo. Son dos caminos que yo suelo explicar gráficamente llamándolos «el ocho» y el «infinito»: bucear y compartir. Son necesarios los dos . Son complementarios»

BUCEAR o «EL OCHO»

El ocho significa, simplemente, dejar hablar a nuestros sentimientos: reflexión, revisión, exámen de conciencia… Pero, al ponerlo en práctica, nos damos cuenta de lo difícil que es ese «simplemente dejar hablar», pues establecer el diálogo entre «nuestro uno» y «nuestro dos» necesita un cierto entrenamiento y aprendizaje.

Porque «el dos» es tímido, no le resulta fácil hablar, tiene que crecer en él la confianza. Para ello, como dice en su libro Muguruza, es importante cumplir dos condiciones:

NO REÑIRSE: Si nuestro dos nos está transmitiendo aquello que sentimos (sea correcto o no, sea o no conveniente…), el uno, que es lógico y educado, tiene la tendencia a reñirle. Reñir que significa culpabilizarse, tener remordimientos… y que nos hace sentir vergüenza por aquello que sentimos….De este modo, y después de «la riña», al dos le costará mucho volver a abrirse.

Si riñendo no logramos cambiar aquello que no nos gusta….¿qué sería de nosotros si no nos riñéramos? Pues que cambiaríamos. Es éste un feliz camino para evitar la culpa: contarnos y saborear con atención plena cómo nos sentimos para tomar otro sentido en la dirección del cambio.

NO CONTARLO: nuestro dos es muy celoso de su intimidad. Si cuando nos cuenta algo, el uno rápidamente «va y lo cuenta», retrocederemos unos pasos en la anhelada conexión entre lo que sentimos y lo que pensamos. Y es que debemos reflexionar acerca de cómo contar y con quién compartir, aquello que supone nuestro YO más profundo: nuestras emociones y sentimientos…esto es lo que logramos con «el infinito».

COMPARTIR o «EL INFINITO»

Se trata de comunicarnos desde «nuestro dos» con el «dos de la otra persona»: la comunicación profunda, en confianza, llena de silencios, emoción y afectos. (Seguro que alguna vez lo hemos tenido la suerte de experimentarlo).

A menudo cuando hablamos de sentimientos, hablamos desde «el uno»: identificamos, analizamos…pero para dialogar «de nuestro dos desde el dos» y elegir con quién compartirlo es difícil y debemos andar con cautela. El tono, el silencio atento…nos pueden dar pistas acerca del nivel de receptividad del otro.

Por otra parte, debemos también estar alerta de la SINCERIDAD. Ésta no es la reina de la comunicación: nuestro referente, al hablar con los demás, no puede ser «es  que yo soy muy sincero», sino que debemos pensar en nuestro bien y en el bien del otro: que lo que contemos no nos haga daño a nosotros ni al otro. Muguruza se refiere a ello como el filtro o la «traducción simultánea».

Para ir acabando, querría relacionar estas ideas, que aunque hoy tienen vigencia  se vienen utilizando en dinámicas y terapia psicológica desde hace más de veinte años, con algunos de los principios de la denominada psicología positiva, una nueva concepción de la psicología que, en lugar de centrarse en los aspectos negativos o patológicos de la persona para corregirlos, centra su fuerza en el desarrollo de los aspectos positivos: las fortalezas y virtudes. Procesos de la psicología positiva como son «la atención plena» o el «fluir», están estrechamente vinculados con los conceptos y procesos que hemos intentado explicar en esta entrada. Por ello, continuaremos profundizando sobre la psicología positiva en próximas entradas.


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Educar el optimismo, la empatía y el altruismo en los niños

La Profesora Kimberly Schonert-Reichl, de la Universidad de Boston-Columbia, nos acerca a los programas de intervención educativos, cuyo objetivo es implementar una educación emocional positiva en el ámbito escolar. Su conferencia gira en torno a cómo ayudar a los niños a desarrollar el optimismo, la compasión, el altruísmo y la empatía.

Os recomiendo seguir la charla en el siguiente enlace:

ALGUNAS IDEAS CLAVE

  • Las competencias emocionales se pueden enseñar: podemos enseñar a los niños a ser optimistas, a ser altruistas (ayudar sin pedir nada a cambio), a ser empáticos (ponerse en lugar del otro: sin juzgarlo) y a ser compasivos (con-moverse con lo que siente y le sucede al otro).
  • Somos buenos por naturaleza, un ejemplo de ello son los niños. Recientes investigaciones avalan esta afirmación, pues se ha demostrado cómo niños de 18 meses ayudan a alguien que no conocen cuando éste lo necesita: el niño es capaz de pensar en lo que necesita el adulto y ofrecerle su ayuda (ver en el video la investigación de Warneken y Tomasello).
  • Los niños son más serviciales cuando se les elogia por su conducta positiva, que cuando por ella reciben un premio.
  • Los tres componentes para un buen aprendizaje socio-emocional en la escuela son:
    1. Reconocimiento Institucional: desde las Instituciones y Gobiernos, la educación socio-emocional debe ser reconocida como uno de los paradigmas educativos en la actualidad.
    2. Desarrollo de programas con una base científica.
    3. Contribución, desde la práctica: programas de intervención educativa, a la investigación teórica sobre educación emocional.
  • La empatía nos mueve a ayudar a los demás, al comprender cómo se sienten, e inhibe un posible comportamiento agresivo. (Ver en el video la explicación sobre el interesantísimo programa: «las raices de la empatía», desarrollado por la profesora Schonert-Reichl, y los resultados obtenidos en los niños, en relación al aumento de sus competencias prosociales).
  • La actitud positiva: el optimismo, nos ofrece un aumento en nuestra calidad de vida, nos permite vivir más, más sanos y más felices. Y esta idea, que parece una obviedad, ha sido demostrada científicamente, al igual que el optimismo decrece a medida que crecemos.
  • Uno de los secretos para vivir momentos felices es ser más altruista. Los actos de bondad y ayuda a los demás nos proporcionan una mejora de nuestro grado de felicidad: Altruismo = Felicidad. (Ver el programa «Mind Up»: los diarios de agradecimiento).
  • La conducta altruista es capaz de transmitirse y contagiarse y permite mejorar nuestro entorno más próximo.


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Diferencia entre TEMPERAMENTO, CARÁCTER Y PERSONALIDAD

La tradicional distinción entre “temperamento, carácter y personalidad” ha sido objeto de numerosos análisis y estudios en el campo de la Psicología, desde las tesis cognitivas hasta el actual enfoque emocional de la personalidad, incluso, en muchos momentos, términos como «carácter» y «personalidad», se han utilizado indistintamente. Al margen de las diferentes teorías, cada uno de los tres conceptos poseen unas cualidades propias y distintivas que las diferencian. En el siguiente cuadro, lo analizamos:

Por tanto, el Temperamento es la “materia prima”, el material sobre el que se modela el carácter y la personalidad, es innato, heredado e inmodificable, mientras que el Carácter es el resultado de actuar sobre esa “materia prima” mediante la interacción con el entorno y las personas que nos rodean y mediante las acciones educativas. Es, por tanto, adquirido, modificable y educable y podemos controlar su manifestación externa. Mientras que con el temperamento nacemos, es en la etapa de la niñez y adolescencia cuando vamos configurando el carácter, mediante el proceso relacional y educativo.

Como resultado la Personalidad constituye la Integración de los diferentes hechos físicos y psíquicos de la persona, de su temperamento y su carácter y determina su modo de actuar. Es, además de un modo de ser, un modo de actuar: una persona puede ser cobarde (carácter) pero comportarse valerosamente (personalidad). La personalidad de cada individuo es además única pues es el resultado de la relación “característica” que tienen sus sistemas psíquicos: percepción, cognición, emoción, motivación y acción.


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Comprendiendo emociones: LA CÓLERA EN EL NIÑO

En este camino que estamos emprendiendo para intentar llegar a comprender nuestras EMOCIONES, si no plenamente al menos aproximarnos, hoy queremos proponeros reflexionar acerca de la Cólera infantil:

«¿Qué padre no ha vivido una crisis de rabieta de su hijo? Patalea, pisotea, se tira al suelo, grita, se tensa, su rostro se enrojece tanto que se encuentra envuelto por esta emoción y ya no puede ni respirar ni hablar«. Así es como comienza el artículo que ha sido publicado en Cuadernos de Pedagogía, Nº 423 Mayo 2012. El autor B. Aucouturier, especialista en psicología infantil, no ayuda a comprender esta gran explosión emocional que es la Cólera y nos orienta acerca de cómo actuar como padres.

Os dejo el artículo en el siguiente enlace: La cólera infantil: un maremoto emocional

No obstante, y a modo de síntesis, me gustaría ofreceros algunas claves sobre esta emoción, que podréis ampliar con el estupendo artículo de Aucouturier:

EN QUÉ CONSISTE LA CÓLERA INFANTIL

  • La cólera es una emoción básica, natural y universal, por tanto es bastante común en los niños y se encuadra dentro de las llamadas emociones básicas: alegría, miedo, tristeza… 
  • Con esta manifestacion súbita, violenta y pasajera, el niño desvela su interioridad, se manifiesta a sí mismo y a los demás.
  • Las crisis de cólera suelen desaparecer en los niños alrededor de los cuatro o cinco años. Y esto se debe a que a esa edad el niño ya posee la capacidad de poder expresarse con palabras, ha practicado suficientemente lo que es «sentirse frustrado» y su cerebro ha madurado, de modo que, en este momento, ya es capaz de empezar a controlar algunas descargas emocionales.

PISTAS PARA LOS PADRES

  • Es difícil para los padres resolver adecuadamente este «maremoto emocional» que es la cólera; con ella los niños, no sólo muestra un rechazo hacia el otro, sino también hacia ellos mismos:  no entienden la incapacidad o decepción para conseguir lo que ellos quieren, y por supuesto, esto les afecta intendamente.
  • Anticiparnos: conociendo a nuestros hijos es posible saber cuáles son las situaciones en las que van a reaccionar de manera colérica (frecuentemente esto ocurre fuera de casa). Así que podemos advertirles antes que se de la situación: «cuando vayamos a la compra no te voy a comprar golosinas, ahora vas a ver los dibujos pero cuando termine esta serie la televisión se va apagar…»
  • Desviar la atención: proponerle algo que les guste, una vía de escape: «ven, que vamos a jugar juntos con las construcciones, cuando yo era pequeño también me enfadaba como tú cuando…»
  • No aislarle (salvo contadas excepciones): muchas veces cuando aislamos al niño se siente desamparado, se asusta al sentirse sólo estando tan nervioso y reacciona con más violencia.
  • Firmeza y coherencia.
  • Consenso: consensuar con los niños algunas  de las normas que debemos cumplir en casa, les hace co-partícipes y responsables, de manera que se sienten implicados en la familia, se sienten importantes, miembros activos y sobre todo queridos.