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¿Cómo orientar a los niños hacia un APRENDIZAJE CREATIVO Y FELIZ?


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…rodearnos de Belleza para aprender

El Aprendizaje implica una necesaria mirada al interior. Cómo aprendemos, por qué, qué nos motiva, cómo influye lo que sentimos en nuestra manera de aprender… son todas cuestiones de las que hablamos regularmente en emoCreativos, pero: ¿Qué ocurre con lo que nos rodea?, ¿Tiene alguna influencia en nosotros el espacio donde vivimos, el lugar en el que aprendemos?.

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colegiosEs aquí donde entra en juego la llamada “Neuroarquitectura”.

Y una parte de ella se dedica al ámbito educativo, intentando estudiar el modo de proyectar y construir espacios que favorezcan la enseñanza-aprendizaje, adaptándose adecuadamente a los procesos cerebrales  que tienen lugar durante el acto de “Aprender”.

En palabras de Francisco Mora, en su libro: “Neuroeducación: sólo se puede aprender aquello que se ama”, (2010) publicado en Alianza: 

“…¿Es posible que la arquitectura de los colegios no responda hoy a lo que de verdad requiere el proceso cognitivo y emocional para aprender y memorizar, acorde a los códigos del cerebro humano y verdadera naturaleza humana y sean, además, potenciadores de agresión, insatisfacción y depresión? […]

La nueva neuroarquitectura estudia perspectivas inéditas con las que poder romper tiempos y espacios “a secas” para reconvertirlos en tiempos y espacios “humanos”, en espacios de un nuevo orden y complejidad que obedezcan y potencien la expresión y el funcionamiento de los códigos que el cerebro trae al nacimiento[…]

Y es de este modo que para los arquitectos del proyecto y la construcción de los colegios, o de cualquier otro edificio donde se enseña, empiezan a pesar considerandos importantes, como que los edificios que construyen no sólo deberían tener exquisita razón y cálculo en su diseño y construcción, sino también emoción y sentimiento en grado sublime y, desde luego, su impacto sobre el funcionamiento específico de un cerebro que aprende y memoriza…”

Lo que se ha demostrado en los últimos años es que, dado que toda percepción genera una reacción emocional, que puede ser sutil o brusca , nos puede suscitar atracción o rechazo, desagrado o belleza… el marco cotidiano donde se desarrolla tiene su importancia. De esta percepción no está ausente el edificio, las paredes del aula, el aula misma o los espacios de recreo del colegio.

Para continuar, os recomendamos los siguientes enlaces:

F. Mora_Neuroarquitectura 

Plataforma Arquitectura 

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Para enseñar tenemos que “construir relaciones”

En esta breve conferencia, tan inspiradora para todos los educadores, Rita Pierson, maestra durante más 40 años, defiende el valor de la conexión humana en la tarea de enseñar. Y es que ningún aprendizaje significativo se puede originar sin una relación humana significativa, y si volvemos la vista atrás, todos podemos recordar ese profesor que tanto nos influenció y con el que, probablemente, tuvimos una relación que trascendía a lo puramente académico.

Porque además de mejorar el rendimiento académico de los alumnos, tenemos que ayudarles a construir su autoestima, a configurar una imagen positiva de sí mismos y debemos hacer que se sientan capaces de aprender y capaces de ser lo que quieran ser. En definitiva, se trata de creer de verdad en ellos.


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textos VI … Elogio al aburrimiento

4154667473_4962a3e125_bPodría parecer contradictorio elogiar el aburrimiento como valor educativo, sin embargo en estos tiempos de inmediatez, es más necesario que nunca incluir “tiempos de paz” en la vida de los niños.

“Los niños necesitan estímulo, presión, competición, estructura. Pero sólo de vez en cuando, no siempre. También necesitan espacio para explorar el mundo a su manera, a su ritmo, para crear, inventar, incluso para aburrirse. Hoy nos aterroriza el aburrimiento. Vivimos en una “cultura del hacer” que no contempla la posibilidad de ir despacio, de parar, incluso de no hacer nada. Estamos continuamente ocupados, corriendo en pleno ruido electrónico. Nadie disfruta de unos momentos de silencio. Esto crea una presión artificial, innecesaria. Se necesita tiempo para mirar hacia dentro, a tus propios recursos, para atravesar el aburrimiento y crear. También los adultos necesitamos relajarnos, repensar nuestra relación con el tiempo. Cuando reducimos la velocidad, somos capaces de sentir con mayor claridad. Y si sientes más, piensas y te angustias menos”. Carl Honoré

Os conectamos también con un artículo que publica Dolors Reig en su famoso blog El Caparazón: “El aburrimiento estimula la creatividad” que, entre otras cosas, nos acerca a los estudios de Belton, investigadora de la Universidad de Educación y Aprendizaje Permanente de la Universidad de East Anglia, en Reino Unido:

 “A los niños se les debe permitir que se aburran para que puedan desarrollar su capacidad innata de ser creativos. […] Las expectativas culturales de que los niños deben estar siempre activos podrían obstaculizar el desarrollo de su imaginación. […] La explicación de Belton resulta diáfana: la sociedad ha “desarrollado la expectativa de estar constantemente ocupado y estimulado” pero ser creativo “implica ser capaz por nosotros mismos de desarrollar un estímulo interno, sin necesidad de nada más”.


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¿Se puede medir la felicidad?

Algunos pensaréis: “otra vez a vueltas con la felicidad”… y es que aunque felicidad es una de las palabras más utilizadas en los últimos tiempos, “buscar la felicidad” es uno de los objetivos vitales que, explícita o implícitamente, todas las personas pretendemos alcanzar. El camino hacia la felicidad ha estado transitado desde siempre, filósofos como Aristóteles, con su Ética a Nicómaco, fue uno de los primeros que intentó acercarse, definir y sistematizar en qué consiste la felicidad. Y aunque convengamos que la felicidad es difícil de definir con precisión, todos tenemos una noción intuitiva de cuando nos sentimos felices.  S. Lyubomirsky (2008: 48), una de las investigadoras más rigurosas sobre la felicidad, lo expresa:

“Uso la palabra “felicidad” para referirme a la experiencia de alegría, satisfacción o bienestar positivo, combinada con la sensación de que nuestra vida es buena, tiene sentido y vale la pena”.

Así mismo acerca de la búsqueda de la felicidad (tarea que todos y todos los días, consciente o inconscientemente, nos proponemos) M. Ricard (2005: 33 y 35) indica:

“La felicidad es un estado de realización interior, no el cumplimiento de deseos ilimitados que apuntan hacia el exterior […] Cometemos la torpeza de buscar la felicidad fuera de nosotros, cuando es esencialmente un estado interior”.

Hoy te proponemos un modo de “medir la felicidad” siguiendo los pasos de la Psicología Positiva, rama de la psicología que no pretende desarrollar un ejercicio de auto-ayuda o un método mágico para alcanzar la felicidad, sino que se caracteriza por su riguroso enfoque científico que busca evidencias, basadas en varios métodos de investigación, para efectivamente mejorar la vida de las personas. Si entras en el Centro Virtual de Psicologí­a Positiva (Página del Prof. Martin Seligman-director del Centro de Psicologí­a Positiva de la Universidad de Pennsylvania y fundador de la Psicologí­a Positiva- en colaboración con el Instituto de Psicología Positiva, dirigido por el Prof. Carmelo Vázquez, Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid) podrás intentar encontrar respuestas a la pregunta: ¿eres feliz? y podrás explorar en qué grado eres feliz, en comparación con otras personas de su edad y sexo, y podrás conocer más acerca de sus fortalezas psicológicas, en qué grado eres usted optimista o pesimista, o en qué grado sientes que su vida tiene sentido o no.”

Queremos también proponerte que te acerques a Los Hábitos de la felicidad de la mano del gran Matthieu Ricard:


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Pautas para una buena práctica de la educación emocional

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Élia López Cassá, en su estupendo libro Educar las emociones en la infancia (*), nos ofrece unas recomendaciones para favorecer la buena práctica de la educación emocional en casa o en la escuela. La autora nos dice (pp. 22-25):

” El adulto o educador debe:

  • Permitir expresar, sin prohibiciones, las emociones que sientan los niños. Por ejemplo, tanto si es niño o es niña tienen derecho a expresar su tristeza. Así pues, no tendría lugar decirle a un niño “no llores”, pero sí: “si necesitas llorar, llora”. El llanto es una forma de pedir ayuda […]
  • No eliminar las emociones negativas, hay que vivir tanto las emociones positivas como las negativas. Sentir miedo, angustia, culpa o vergüenza es tan importante como sentir alegría, felicidad o amor, tanto unas como otras ofrecen un mensaje a la persona.
  • Reconocer sus emociones para poder reconocer las emociones de los demás y las del niño […]
  • Enseñar al niño a expresar y poner nombre a sus emociones […] 
  • Animar a que exprese sus emociones y legitimarlas. Si el niño no es capaz de expresarlas, ya que durante los primeros meses de vida las emociones que se manifiestan son totalmente espontáneas, es importante que cuando llore o se enfade, el adulto le permita hacerlo y le ayude a ponerle nombre. Por ejemplo: “te sientes enfadado porque no he jugado como tú querías”, así como dar mensajes como: “comprendo que te sientas enfadado y yo te sigo queriendo”. Es decir, recordarle que le continuamos queriendo, ya que el niño puede interpretar que si nos enfadamos con él, le dejamos de querer […]
  • Contemplar el lenguaje emocional a través del cuerpo y la palabra. La alegría se muestra con una sonrisa y con un mensaje verbal: “me siento contento” […]
  • Hacer sentir al niño valioso, que él es importante y que tanto sus necesidades como su realidad se tienen en cuenta […]
  • Permitir que los niños se familiaricen con estrategias que fomentan el bienestar: masaje para relajarse, cantar y bailar… […]
  • Permitir que el niño se equivoque y aprenda a ser autónomo emocionalmente […]
  • Preparar espacios para que el niño establezca relaciones sociales sanas. El niño tiene que relacionarse con los demás y, desde muy pequeño, puede hacerlo si se le facilita el camino hacia la relación interpersonal […]
  • Hacerle comprender que de la emoción no necesariamente debe derivarse un determinado comportamiento, sino que las emociones se pueden regular. Por ejemplo, de la ira no debe derivarse violencia […]
  • Favorecer el aprendizaje de la empatía en el niño. Por ello, el adulto es quién debe ayudar a que el aprendizaje del niño tenga en cuenta la perspectiva del otro, ayudar a comprender sus puntos de vista, sus sentimientos y sus emociones. Una forma de hacerlo es diciéndole: “¿Cómo te sentirías tú si te quitaran el juguete?”: Identificar emociones o “Él se siente triste porque le has quitado el juguete”: Reconocer al otro […]
  • Enseñar al niño a decir lo que quiere, lo que siente, lo que le gusta, lo que le disgusta … a expresarse sin tener que gritar, insultar o pegar.

 

( *) López Cassá, E. (2010). Educar las emociones en la infancia ( de 0 a 6 años ). Madrid: Wolters Kluwer España.


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Siento luego existo… educación emocional en la Escuela

sentir… porque en nuestra realidad educativa cercana ya se están “poniendo en marcha”  experiencias de Educación Emocional y Social en la Escuela, nos encanta compartir con vosotros este proyecto de aprendizaje emocional en la etapa de Infantil, que se está desarrollando en el Colegio Sagrada Familia de Gavá …