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¿Cómo orientar a los niños hacia un APRENDIZAJE CREATIVO Y FELIZ?


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textos VII … el juego como vivero de la inteligencia


jugando

“Jugar no es tan solo una actividad infantil. El juego para el niño y para el adulto es una forma de usar la inteligencia o, mejor dicho, una actitud con respecto al uso de la inteligencia. Es un banco de prueba, un vivero en el que se experimentan formas de combinar el pensamiento, el lenguaje y la fantasía. Del mismo modo que uno puede asfixiar las plantas de un jardín o un vivero plantando mucho, también se puede crear una atmósfera en la que el lenguaje y el pensamiento no se desarrollen ni produzcan las flores que uno esperaría cultivar. A la inversa, hay muchos medios para ayudar al proceso del crecimiento.
Debemos recordar que los niños que juegan no están solos y que solos no es como están mejor por mucho que necesiten momentos de soledad. Pero tanto como necesitan la soledad, necesitan también combinar las propias ideas que conciben solos con las ideas que se les ocurren a los compañeros. Llamemos a esto transacción o como se quiera, pero esta es la esencia, no sólo del juego, sino también del pensamiento. La escuela no debe cultivar únicamente la espontaneidad del individuo, ya que los seres humanos necesitamos diálogo, y es el diálogo lo que brindará al niño los modelos y las técnicas que le permitirán ser autónomo. Concluiré diciendo que el juego libre ofrece al niño la oportunidad inicial y más importante de atreverse a pensar, a hablar y quizás incluso de ser él mismo”.

Jerome Brune

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Empecemos el nuevo curso “sólo” observando

inteligencias-multiples-y-la-escuela-inclusiva

“Creí legítimo pensar que las capacidades de los artistas eran tan cognitivas como las de los científicos”
Howard Gardner

En nuestro continuo intento por conocer, re-conocer y potenciar “las inteligencias” de nuestros hijos y de nuestros alumnos, os proponemos un cuestionario-guía que nos ayudará a identificar sus capacidades, habilidades y talentos, en definitiva son los rasgos que sirven para definir cada una de las Inteligencias. Preguntas como: “Es hábil con las imágenes y/o con las palabras ?… Hábil con la música, con los números, con la naturaleza, con mi cuerpo…? Es hábil con él mismo o cuando se relaciona con los demás ?” seguramente pueden ser respondidas con facilidad por los padres, y éste es el primer paso para  diseñar, para cada uno de los niños, un modo personal y diverso, adecuado y feliz de aprender.

Os dejamos aquí el cuestionario, editado por la Fundación Mapfre, dentro del Programa de Buenas Prácticas para la inclusión: ReCapacita.

 


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… se trata de dar el primer paso

… El miedo al papel en blanco, la inquietud antes de empezar una carrera… son emociones que sentimos, y muchas veces nos paralizan, cuando nos disponemos a emprender algo nuevo. Para re-conectarnos con vosotros hemos elegido el libro El punto de Peter H. Reynolds. Porque en estos momentos en los que tenemos todavía “pegados a la piel” a nuestros hijos, después de muchos días de vivir y compartir juntos el tiempo de vacaciones, nos gustaría empezar asentando los cimientos para construir  la “confianza”: confianza de los padres en sus hijos y de cada niño en él mismo.

Y para ello no hay nada mejor que acompañarles, y no juzgarles, durante su proceso creativo. Como hemos dicho muchas veces, los niños son genéticamente creativos: cada niño está capacitado para, por ejemplo, dibujar pero los contextos educativos, su entorno social, nuestros prejuicios…  van haciendo al niño olvidar esa habilidad que tiene y con las que disfruta; además, y de modo más preocupante, este “proceso des-educador” va haciendo perder confianza al niño en estas capacidades innatas. Os invitamos a reflexionar sobre todo ello, una vez más, y os proponemos que animéis a los niños a experimentar, pues sólo “haciendo” y dando el primer paso, se pierde el miedo:

También queremos compartir otro clásico: el programa Redes. Ayer, 15 de septiembre, en el espacio de Elsa Punset (a partir del minuto 18:50, aprox.), realizaron una entrevista muy  interesante a Robert Dilts, experto en creatividad. La podéis seguir en el siguiente enlace:

redes


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Respetar el mundo imaginario del niño

“Cuando era formador de maestros, un alumno dedicó su tiempo a tratar de hacerse una idea de cómo los alumnos van representando el mundo según su edad. Para lo que nos interesa aquí, algunas de las respuestas que recibió por parte de alumnos de primaria son muy reveladoras respecto a muchos fenómenos naturales y a condiciones sociales:

A Manuela se le preguntó por qué existe la media luna y la luna llena, y ella contestó: “Tal vez debido al tiempo. Cuando hay buen tiempo, entonces hay luna llena; cuando no, entonces hay media luna.” Esto es la lógica infantil pues lo bello, lo bueno es la expresión de lo completo y lo feo, lo malo se asocia con lo incompleto. La luna no es desconocida y lejana, es como una pelota de juego y su tamaño se deja fácilmente determinar con las manos. El sol, como es más brillante, es evidentemente un poco más grande.

La respuesta a la pregunta por qué el cielo es azul, se entiende causalmente: lo que interesa al adulto son las razones de su colorido. Al niño no le interesa nada de eso y cabila sobre el sentido y el propósito de este fenómeno: “Así es muy bonito, pues si la hierba es verde, el cielo no debería de ser también verde, es mucho más bonito si es azul”. La respuesta de Sibylla a la misma pregunta no deja de ser menos interesante: “Debido al agua, pues el agua viene del cielo.” 

Si nosotros, los adultos, pensamos que al hacerle la pregunta: ¿por qué llueve?, un niño nos dará una respuesta causal, estamos muy equivocados, pues los niños piensan naturalmente en términos de finalidad: “así pueden crecer las cosas, si no lloviera, las cosas no podrían crecer y nos moriríamos de hambre”. 

Cuando el adulto le preguntó a la niña lo qué es lo que más le gustaba de la maestra, él presuponía que Sybilla era capaz de citar ciertos rasgos o características de su maestra, en tanto ser humano, y de compararlos entre sí. La respuesta de la niña fue encantadora desde todos los puntos de vista. Lo que más le gustaba era que su maestra “simplemente regresa todas las mañanas y que uno la puede volver a ver.” Generalmente, un niño de siete años tampoco es capaz de dividir “su entorno” en fenómenos parciales buenos y menos buenos. Por eso, a la pregunta sobre lo que más le gustaba en su entorno, Sibylla contestó con una sencillez casi bíblica: “pues ver a mi hermano, a mi madre y a mi padre.”

Debo subrayar que estas respuestas infantiles no son para nada insignificantes o tontas, sino que más bien se basan en otras maneras de percibir el mundo. Y uno no puede automáticamente descartarlas como siendo inferiores a un punto de vista científico. Cuando el estudiante para maestro le preguntó a Sibylla de que tamaño pensaba que era el sol, ella le respondió con una pregunta que hubiese hecho reflexionar a cualquier físico: “¿Con todo y los rayos? ¡Pues con todo y los rayos, es bastante grande! Sin los rayos, es tan grande como la luna.”

Las respuestas de los niños que he citado generan a veces sorpresa y ternura. Uno las escucha con placer, pues en ellas se desvelan trocitos de sabiduría infantil. En realidad, cuando se es maestro, uno puede deleitarse con ello a diario. Siempre y cuando uno preste atención a cómo nuestros alumnos se representan ciertas cosas, antes de proceder a instruirlos. Además, si ellos perciben que los escuchamos atentamente, estarán más propensos a escucharnos también”.

Arthur Brühlmeier

 

(*) Puedes descargar aquí el libro completo: Cabeza, Corazón y ManoEducando en el espíritu de Pestalozzi

 


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Ken Robinson… miles de semillas de posibilidad esperando

… reflexionando sobre nuestra educación …

Una vez más nos encontramos con Ken Robinson para plantearnos diagnósticos y soluciones, para inspirarnos hacia el cambio posible, para mostrarnos cómo esa que es hoy la educación alternativa podría erigirse como una manera más humana de enseñar y aprender. Son sus palabras las que merecen ser escuchadas, con esa combinación perfecta entre ironía y claridad, así que nosotros únicamente queremos destacar esas tres claves que Robinson nos propone para poder caminar hacia un verdadero aprendizaje: la diversidad_todos somos diferentes, quien tiene hijos lo experimenta todos los días, y como personas diversas el aprendizaje debe conectar con nuestra manera de ser única; la curiosidad_éste es el secreto para encender la llama del aprendizaje y despertar esas “ganas de aprender” que todo niño tiene latente en su interior: porque ellos son aprendices naturales;y la creatividad: la vida humana es inherentemente creativa, ésta es la razón por la que somos capaces de “crear” nuestra vida y recrearla a medida que vivimos.

… esperamos que disfrutéis de la charla tanto como nosotros !!!


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Lejos de la motivación: la APATÍA

Continuando con la entrada anterior, dedicada a la motivación, hoy nos acercamos a una emoción contraria: la apatía, tan indeseable cuando estamos buscando “aprender”. Y no encontramos a nadie mejor que a Mario Alonso Puig para que, de una manera clara y breve, nos explique qué significa la apatía:

… ¿ Podemos ayudar a los niños, cuando sientan la apatía muy cerca, a encontrar esa palanca emocional que les ayude a impulsarse de nuevo? …

… ¿ Podemos acompañarles en su búsqueda hacia aquello que les “apasiona” y que, indefectiblemente, les hará ir construyendo su creatividad? …


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MOTIVAR: la gran tarea del aprendizaje

Parece que hoy hemos invocado a la magia: nuestro proyecto: emoCreativos ha cumplido su primer año y lo celebramos con nuestra entrada número 100

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Precedido de un abrazo y un “muchísimas gracias” para todos los que día a día nos seguís,  queremos hoy acercarnos a una de las tareas educativas más universales: la MOTIVACIÓN o cómo conseguir activar, dirigir y mantener la conducta para conseguir el fin que deseamos, en nuestro caso, aprender. Es hoy, la tarea de motivar a los niños, más necesaria que nunca para intentar contrarrestar el tono de apatía que, a veces, se contagia. 

El aprendizaje está formado por dos caras de la misma moneda: motivación y esfuerzo, pues nadie se esfuerza porque sí, nos esforzamos porque hay una razón que ” nos mueve”, que nos motiva. Parece oportuno empezar distinguiendo tres tipos de motivaciones que a todos nos “ponen en movimiento”:

  1. La motivación material (o extrínseca), actúo de una determinada manera movido por el deseo de obtener algo material, de TENER. Por ejemplo, cuando premiamos a los niños: “Si haces esto te doy como premio…”
  2. La motivación subjetiva (o intrínseca), es la motivación interna que me mueve a SABER: por ejemplo, estudiar por el placer de conocer… es el tipo de motivación que todo padre y docente desearía para el niño (y para él mismo).
  3. La motivación hacia “el otro” (o trascendente), cuando lo que rige nuestros actos es DAR, representa los valores sociales o trascendentes en acción: me mueve el amor, la lealtad, la solidaridad…

Aunque soy incontables los autores que han estudiado el tema de la motivación, nos gustaría reflexionar sobre ello, sintetizar cuáles son las conclusiones a las que numerosos investigadores han llegado y nos gustaría dar algunas claves (alejadas de las recetas educativas para todos, pues creemos firmemente en la diversidad de nuestros niñosque nos faciliten la tarea de educar en la escuela y/o en familia:

Necesidad de logro (McClelland)

Se trata de la conciencia de éxito del niño, podemos decir que “el éxito genera éxito” (y paralelamente el fracaso, muchas veces, va produciendo otros fracasos). Nada anima y motiva más al niño que sentir el reconocimiento de sus resultados, es un estímulo enorme para corregir sus errores y para mejorar; por eso es muy importante indicarle sus resultados lo antes posible y buscando la mejor forma de comunicación: no se trata de adular, se trata de transmitir con cariño la realidad objetiva.

Es además muy importante el proceso: las actividades deben graduarse según la dificultad. Siempre será más fácil ir obteniendo éxitos sucesivos, por tanto podemos empezar por tareas sencillas e ir aumentando su dificultad, de ese modo el niño va perdiendo el miedo al fracaso.

Curiosidad y manipulación (Harlow y Butler)

Nos interesa mucho esta teoría para el aprendizaje del niño: algunas personas, y muchos niños, actúan por una necesidad de curiosidad o por el placer de la manipulación: la exploración visual o táctil. Pero hay tener en cuenta que cuando los objetos tienen muy poca o excesiva complejidad los niños pierden el interés.

Por tanto, y como aplicación práctica en clase o en casa, deberíamos considerar hacer más intuitivo el aprendizaje: la motivación por el aprendizaje aumenta cuando en el material didáctico intervienen los sentidos, les facilitamos que construyan y materialicen sus ideas…

Atribución (Heider y Weiner)

La teoría de la atribución de Heider se refiere a qué es a lo que el niño atribuye su éxito o fracaso: ante un examen, por ejemplo, la conducta del niño depende de cuál crea que es la relación causa-efecto: si cree que aprobar o suspender depende de él mismo y de su esfuerzo o depende de factores ambientales (por ejemplo, que el profesor “le tiene manía”), en este último caso el niño puede ir desarrollando una indefensión aprendida (se siente incapaz para resolver una situación en cualquier contexto).

Weiner estudió cuatro aspectos relacionados con la motivación: la capacidad (que es más o menos estable: se tiene más o menos capacidad), el esfuerzo (que es controlable), la dificultad de la tarea (es estable pero no la puede controlar el niño) y la suerte.

¿Y cuáles son las aplicaciones prácticas de esta teoría): es necesario que el niño no atribuya su fracaso a la falta de capacidad, pues esto le hace ir sintiéndose incompetente, sino a la falta de esfuerzo, que es algo que puede y debe ir aumentando progresivamente. Por otra parte, escuchar activamente al niño nos da pistas fiables de cómo se siente y a qué atribuye su dificultad o su logro.

Efecto Pigmalión (Rosenthal)

La Teoría de las expectativas o efecto pigmalión es una de las teorías más famosas de la pedagogía y, por experiencia propia, creo que es muy útil a la hora de educar a nuestros hijos. Se trata de la profecía autocumplida: el alumno, o el hijo, tiende a rendir lo que el profesor, o el padre, espere de él. Si contemplamos a nuestro hijo desde la perspectiva de sus limitaciones, nuestro comportamiento y lo que nosotros esperemos de él tendrá como medida y reflejará esas limitaciones; si, por el contrario, contemplamos a nuestro hijo pensando en las enormes posibilidades que tiene, apreciaremos en él una amplísima capacidad de rendimiento.

Tengamos pues presente la enorme influencia que tenemos nosotros en los niños y reflexionemos tranquilamente sobre algunos estereotipos que, a veces, formamos sobre ellos. Se trata de confiar en ellos y confiar en sus capacidades, y se trata de posar nuestra mirada en metas cada vez más altas porque ellos, y nosotros, podemos.