Una maravillosa historia sobre la confianza que tenemos en nuestros talentos y sobre cómo cambia esa confianza cuando la vemos a través de los ojos de los demás. Buen fin de semana !!!
Feliz lunes… Un museo de posibilidades
¿Se puede medir la felicidad?
Algunos pensaréis: «otra vez a vueltas con la felicidad»… y es que aunque felicidad es una de las palabras más utilizadas en los últimos tiempos, «buscar la felicidad» es uno de los objetivos vitales que, explícita o implícitamente, todas las personas pretendemos alcanzar. El camino hacia la felicidad ha estado transitado desde siempre, filósofos como Aristóteles, con su Ética a Nicómaco, fue uno de los primeros que intentó acercarse, definir y sistematizar en qué consiste la felicidad. Y aunque convengamos que la felicidad es difícil de definir con precisión, todos tenemos una noción intuitiva de cuando nos sentimos felices. S. Lyubomirsky (2008: 48), una de las investigadoras más rigurosas sobre la felicidad, lo expresa:
«Uso la palabra «felicidad» para referirme a la experiencia de alegría, satisfacción o bienestar positivo, combinada con la sensación de que nuestra vida es buena, tiene sentido y vale la pena».
Así mismo acerca de la búsqueda de la felicidad (tarea que todos y todos los días, consciente o inconscientemente, nos proponemos) M. Ricard (2005: 33 y 35) indica:
«La felicidad es un estado de realización interior, no el cumplimiento de deseos ilimitados que apuntan hacia el exterior […] Cometemos la torpeza de buscar la felicidad fuera de nosotros, cuando es esencialmente un estado interior».
Hoy te proponemos un modo de «medir la felicidad» siguiendo los pasos de la Psicología Positiva, rama de la psicología que no pretende desarrollar un ejercicio de auto-ayuda o un método mágico para alcanzar la felicidad, sino que se caracteriza por su riguroso enfoque científico que busca evidencias, basadas en varios métodos de investigación, para efectivamente mejorar la vida de las personas. Si entras en el Centro Virtual de Psicología Positiva (Página del Prof. Martin Seligman-director del Centro de Psicología Positiva de la Universidad de Pennsylvania y fundador de la Psicología Positiva- en colaboración con el Instituto de Psicología Positiva, dirigido por el Prof. Carmelo Vázquez, Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid) podrás intentar encontrar respuestas a la pregunta: ¿eres feliz? y podrás explorar en qué grado eres feliz, en comparación con otras personas de su edad y sexo, y podrás conocer más acerca de sus fortalezas psicológicas, en qué grado eres usted optimista o pesimista, o en qué grado sientes que su vida tiene sentido o no.»
Queremos también proponerte que te acerques a Los Hábitos de la felicidad de la mano del gran Matthieu Ricard:
Feliz lunes… El universo que Caine creó con cajas de cartón
Pautas para una buena práctica de la educación emocional
Élia López Cassá, en su estupendo libro Educar las emociones en la infancia (*), nos ofrece unas recomendaciones para favorecer la buena práctica de la educación emocional en casa o en la escuela. La autora nos dice (pp. 22-25):
» El adulto o educador debe:
- Permitir expresar, sin prohibiciones, las emociones que sientan los niños. Por ejemplo, tanto si es niño o es niña tienen derecho a expresar su tristeza. Así pues, no tendría lugar decirle a un niño «no llores», pero sí: «si necesitas llorar, llora». El llanto es una forma de pedir ayuda […]
- No eliminar las emociones negativas, hay que vivir tanto las emociones positivas como las negativas. Sentir miedo, angustia, culpa o vergüenza es tan importante como sentir alegría, felicidad o amor, tanto unas como otras ofrecen un mensaje a la persona.
- Reconocer sus emociones para poder reconocer las emociones de los demás y las del niño […]
- Enseñar al niño a expresar y poner nombre a sus emociones […]
- Animar a que exprese sus emociones y legitimarlas. Si el niño no es capaz de expresarlas, ya que durante los primeros meses de vida las emociones que se manifiestan son totalmente espontáneas, es importante que cuando llore o se enfade, el adulto le permita hacerlo y le ayude a ponerle nombre. Por ejemplo: «te sientes enfadado porque no he jugado como tú querías», así como dar mensajes como: «comprendo que te sientas enfadado y yo te sigo queriendo». Es decir, recordarle que le continuamos queriendo, ya que el niño puede interpretar que si nos enfadamos con él, le dejamos de querer […]
- Contemplar el lenguaje emocional a través del cuerpo y la palabra. La alegría se muestra con una sonrisa y con un mensaje verbal: «me siento contento» […]
- Hacer sentir al niño valioso, que él es importante y que tanto sus necesidades como su realidad se tienen en cuenta […]
- Permitir que los niños se familiaricen con estrategias que fomentan el bienestar: masaje para relajarse, cantar y bailar… […]
- Permitir que el niño se equivoque y aprenda a ser autónomo emocionalmente […]
- Preparar espacios para que el niño establezca relaciones sociales sanas. El niño tiene que relacionarse con los demás y, desde muy pequeño, puede hacerlo si se le facilita el camino hacia la relación interpersonal […]
- Hacerle comprender que de la emoción no necesariamente debe derivarse un determinado comportamiento, sino que las emociones se pueden regular. Por ejemplo, de la ira no debe derivarse violencia […]
- Favorecer el aprendizaje de la empatía en el niño. Por ello, el adulto es quién debe ayudar a que el aprendizaje del niño tenga en cuenta la perspectiva del otro, ayudar a comprender sus puntos de vista, sus sentimientos y sus emociones. Una forma de hacerlo es diciéndole: «¿Cómo te sentirías tú si te quitaran el juguete?»: Identificar emociones o «Él se siente triste porque le has quitado el juguete»: Reconocer al otro […]
- Enseñar al niño a decir lo que quiere, lo que siente, lo que le gusta, lo que le disgusta … a expresarse sin tener que gritar, insultar o pegar.
( *) López Cassá, E. (2010). Educar las emociones en la infancia ( de 0 a 6 años ). Madrid: Wolters Kluwer España.


