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¿Cómo orientar a los niños hacia un APRENDIZAJE CREATIVO Y FELIZ?


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Smart Hearts: programas de educación emocional y social

«Al margen de lo que aprendéis, el amor vale más que los conocimientos formales»

Michael Pritchard

Somos muchos los que consideramos que la educación del corazón es el pilar sobre el que sustentar el aprendizaje pleno y es la clave para revolucionar y mejorar la educación actual. En el siguiente vídeo podréis acercaros a algunos programas de educación emocional que se han puesto en marcha en E.E.U.U. Seguramente, como nosotros, sentiréis una gran emoción al escuchar a los niños expresando aquello que sienten, y compartiréis con nosotros la idea de que construir un entorno de cariño y pertenencia, en la escuela y en casa, es la manera de lograr alcanzar el   aprendizaje significativo y feliz.


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Los niños no son tontos: rompiendo las costuras de la razón

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«Giocare con l’arte? Ma capiranno?… Così piccoli, capiranno cos’è l’Arte?… Capire cos’è l’Arte è una preoccupazione (inutile) dell’adulto… capire come si fa a farla è invece un interesse autentico del bambini» (Jugar con el Arte? pero lo entenderán?… Tan pequeños, entenderán lo que es el Arte?… Entender  qué es el Arte es una preocupación (inútil) del adulto, entender cómo se puede «hacer» (arte) es, sin embargo, un interés auténtico de los niños)

Alberto Munari

Es en el Arte y en los cuentos, pero también en cómo contamos la vida a los niños, cuando se transparentan nuestros pre-juicios hacia ellos: ¿Consideramos a  los niños personas capaces de entender el mundo? ¿Nos esforzamos tanto por preservarlos de lo que juzgamos como «triste» o «malo» que les construimos sucesivas esferas de cristal para protegerlos (o aislarlos)?

Los niños necesitan ser respetados y tienen el derecho a rodearse de ambientes ricos de experiencias.

El «enriquecimiento» significa dar nuevas oportunidades. Y esto no es compatible con una ciudad fragmentada donde el niño sólo se relaciona con otros niños y sus padres, pues los lugares de juego y ocio son suturas en el continuo urbano y las aceras ya no se pisotean, las tiendas no se curiosean y ya no se «cruza la calle solo»; no es compatible con una ciudad donde las personas mayores  «no existen» porque los barrios están estratificados por edad y condición social. Rodear a los niños de un ambiente rico no es respetar tanto «su espacio» que la mayoría del tiempo están solos abriendo nuevas ventanas virtuales para comunicarse; tampoco es uniformarles ofreciéndoles los mismos «planes familiares», las mismas canciones que les martillean en casa, en la escuela y en el teatro. Apuntemos hacia un horizonte alto que, sin embargo, tiene que ver más con una vuelta a «lo esencial», a las pequeñas cosas y a recuperar un ritmo más humano, el ritmo de los niños. 

El «ser respetado» se relaciona con el cómo nosotros les «enseñamos a mirar» el mundo. No nos olvidemos que los niños son personas cuyo nivel de comprensión es mucho mayor del que nosotros creemos. No podemos aislarles de lo que ocurre a su alrededor, pero lo tenemos que hacer de otro modo: podemos «ponernos en sus zapatos» para acercarnos a otro modo de pensar: un pensamiento en el que no se han apagado la curiosidad, la magia o el misterio.

Sobre los niños, sobre cómo son, otra vez Eduardo Galeano nos trae un poco de lucidez:

“Los niños se sienten respetados. Yo no escribo para débiles mentales y buena parte de la literatura que los adultos escriben para los niños está dirigida a niños de muy limitado alcance mental. Son libros que están o destinados a aterrorizar a los niños o son escritos como para tontos.

Esos mitos y cuentos tienen mucho que ver con la religión, con la magia, con un mundo que a veces es despreciado porque no es racional o porque no parece serlo; pero sí que lo es, sólo que lo es rompiendo las costuras de la razón.

Sí que ocurre en el proceso civilizador una suerte de mutilación progresiva de la capacidad de asombro, de magia, de locura. […] el pensamiento mágico puede llegar a ampliar el horizonte de la realidad, mostrándonos otras realidades que están atrás de la que uno ve.»

Eduardo Galeano

 


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pOema V …busco la palabra. El poder de la lectura

Hace unos días formulábamos nuestros recién estrenados deseos para el nuevo año: Encontrar palabras para aprender, enseñar y comunicar lo que somos y lo que sentimos.

WORDS

BUSCO LA PALABRA

Quiero definirlos en una sola palabra:
¿Cómo son?
Tomo las palabras corrientes, robo de
los diccionarios,
mido, peso e investigo.
Ninguna
responde
La más valiente – cobarde,
La más desdeñosa – aún santa
La más cruel – demasiado
misericordiosa,
La más odiosa – poco porfiada.
Esta palabra debe ser como un volcán,
que pegue, arrastre y derribe,
como la temerosa ira de Dios,
como el hervor del odio.
Quiero que ésta una sola palabra
esté impregnada de sangre,
que como los muros del calabozo
encierre en sí cada tumba colectiva.
Que describa precisa y claramente
quienes eran – todo lo que pasó.
Porque lo que oigo,
lo que se escribe,
resulta poco,
siempre poco.
Nuestra habla es endeble,
sus sonidos de pronto – pobres.
Con empeño busco ideas,
busco esta palabra –
y no la encuentro.
No la encuentro.

Escrito por Wislawa Szymborska, premio Nobel de Literatura 1996, cuando no había cumplido 22 años.
Publicado el 14 de marzo de 1945 en Dziennik Krakowski (Diario de Cracovia).

… de cómo la lectura y la escritura modifican la estructura cerebral …

Las actividades leer y escribir, que habitan nuestro día a día de manera casi imperceptible, repercuten notablemente en nuestro desarrollo intelectual y en nuestro aprendizaje. Demostrar que la capacidad lectora modifica el cerebro y que «hay más materia gris y más neuronas en el cerebro de una persona lectora», como afirma el neurólogo S. Dehaene en su libro Les neurones de la lecture, ha sido el ansiado objetivo de numerosas investigaciones en los últimos años. 

_La lectura ayuda a mejorar algunas habilidades sociales, como la empatía_

Como sostiene Emili Teixidor, escritor catalán, autor de La lectura y la vida: “un ávido lector está más dispuesto a abrirse a otras vidas”. El psicólogo Raymond Mar, de la Universidad de Toronto, realizó un estudio en el año 2006 comparando lectores de novelas con no lectores (o personas que leían únicamente libros especializados). Al medir sus habilidades sociales y el modo que tenían de interactuar los dos tipos de lectores se llegó a la conclusión de que «los lectores» tenían una mayor facilidad para ponerse en la piel del otro, resultaron ser más empáticos.

_El poder cerebral de recrear lo imaginado_

Todos hemos experimentado con la lectura cómo despertamos nuestra imaginación y ésta comienza el vuelo. Al leer «nuestro cerebro es capaz de recrear lo imaginado activando las mismas áreas cerebrales que se pondrían en marcha si se ejecutase la acción en la realidad», esta proposición ha sido demostrada por el estudio realizado en la Universidad de Washington, y dirigido por la psicóloga Nicole K. Speer. En el año 2009, en un artículo publicado en la revista Psychological Science, Speer expone:

“Los lectores simulan mentalmente cada nueva situación que se encuentran en la narración. Los detalles de las acciones registrados en el texto se integran en el conocimiento personal de las experiencias pasadas”.

_Leer poesía incrementa nuestra memoria autobiográfica_

Según las conclusiones de otro estudio reciente que trataba de analizar la influencia de la lectura de autores clásicos en la actividad cerebral, y que ha sido realizado en la Universidad de Liverpool: «leer poesía incrementa la actividad del hemisferio derecho del cerebro, que es el área que se encarga de la memoria autobiográfica«. La lectura permite reflexionar a la persona sobre sus propias experiencias y enriquecerlas a la luz de lo leído. Tal y como explica Philip Davis, profesor de filología inglesa y miembro del equipo de investigación:

«La poesía no es solo una cuestión de estilo. Se trata también de profundas interpretaciones de la experiencia, que añaden lo emocional y lo biográfico a lo cognitivo».

Leer, leer y leer…“ leer con intensidad, despacio, con cuidado, viviendo la vida de las palabras” dice Ángel Gabilondo, catedrático de Filosofía de la UAM, en su ensayo Darse a la lectura, pero al indescriptible placer de leer, al poder de la literatura, a los beneficios de la lectura en el aprendizaje, a su contribución para el desarrollo de capacidades sociales y para educarnos emocionalmente, debemos sumar una cualidad «difícilmente medible», y sin la cuál probablemente no sobreviviríamos, la Belleza de las palabras.


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El aprendizaje emocional y social TRANSFORMA nuestro cerebro

Uno de los descubrimientos más impresionantes de los últimos años, en el ámbito de la neurociencia, es la plasticidad cerebral o cómo las neuronas tienen la capacidad de crear nuevas conexiones y moldear nuestro cerebro a lo largo de toda nuestra vida. Contraponiéndose al enfoque tradicional de que nuestro cerebro «crece-aprende-se transforma» hasta una determinada edad, diferentes investigaciones han demostrado que nuestro aprendizaje es continuo, que  las nuevas experiencias que vivimos y los nuevos conocimientos que adquirimos  transforman físicamente nuestro cerebro (se ha tenido constancia, con nuevos procedimientos de detección cerebral, que las personas ancianas siguen desarrollando nuevas conexiones cerebrales: su cerebro se sigue transformando).

Descubrir que tenemos un cerebro plástico y moldeable ¿por qué es tan importante para nuestro aprendizaje?

Fundamentalmente porque nos aleja del determinismo: hoy sabemos que está en nosotros, en nuestras actitudes y comportamientos y en el diseño libre y comprometido de nuestro aprendizaje, ser y dar lo mejor , convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos; porque aprender a aprender eficazmente es clave hoy, cuando el aprendizaje va a necesitar desarrollarse durante toda nuestra vida; porque nuestra personalidad puede ser moldeada por nosotros, a partir de nuestras capacidades y rasgos propios pero sin resignarnos a un carácter que hemos heredado (y que puede que no nos haga felices).

Richard J. Davison (profesor de Psicología y Psiquiatría, director del Laboratorio Waisman de Imagen cerebral y Conducta, y responsable del Laboratorio de Neurociencia Afectiva y del Centro para la Investigación de Mentes saludables de la Universidad de Wisconsin) nos explica cómo la plasticidad del cerebro  transforma y adapta este órgano para responder a la experiencia, subraya que la experiencia es vital como factor moldeador del cerebro. Además, expone otra idea que nos parece muy interesante: el Aprendizaje Emocional y Social tiene la capacidad de modificar nuestro cerebro. Ello se traduce en que las intervenciones en nuestra conducta generan modificaciones en los circuitos neuronales, provocan alteraciones en la estructura y en las funciones de nuestro cerebro. 

Podemos afirmar pues que el Aprendizaje Emocional y Social resulta una excelente estrategia para la regulación emocional que moldea positivamente el cerebro y genera cambios a nivel neuronal, y por tanto, nuestro aprendizaje emocional, la conciencia emocional, la gestión de nuestras emociones y el desarrollo del auto-control, son factores clave para mejorar nuestro aprendizaje cognitivo.

Este vídeo corresponde a la conferencia que tuvo lugar el 10 de diciembre de 2007, en la celebración del Foro CASEL  en Nueva York, que reunió a 75 líderes del área educativa con el fin de sensibilizar sobre la importancia del Aprendizaje Emocional y Social (Social and Emotional Learning: SEL) y divulgar hallazgos científicos relevantes, con el objetivo de generar un movimiento para la implantación del SEL en Estados Unidos.


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textos V …es precisamente «perdiendo el tiempo» como nos hacemos mayores

“Nuestros desplazamientos, cada vez más a menudo, son traslados, pasos de un punto a otro, dirigidos a un objetivo, por tanto proyectados al futuro, ligados a una función. Distraídos por estas preocupaciones intentamos llegar en el menor tiempo posible al lugar de destino.

Los niños se comportan de manera totalmente diferente. Viven sus desplazamientos como una sucesión de momentos presentes, cada uno importante en sí mismo, cada uno digno de una parada, de una sorpresa, de un contacto. Y entonces los tiempos se alargan, los bolsillos de los niños se llenan de piedras, de hojas, de papeles, y la mente se llena de imágenes, de preguntas, de nuevos descubrimientos. Y todo está junto: lo hermoso, lo nuevo, lo general y lo particular.

Esto suele ser causa de incomprensión por parte de los mayores que recomiendan neciamente: “¡No te detengas a cada momento!”, “¡No pierdas el tiempo!”, sin darse cuenta de que es precisamente perdiendo el tiempo como nos hacemos mayores”.

La ciudad de los niños. Francesco Tonucci