emoCreativos

¿Cómo orientar a los niños hacia un APRENDIZAJE CREATIVO Y FELIZ?


Deja un comentario

EL ROSTRO HUMANO: Actividad para potenciar el pensamiento creativo a través del dibujo Infantil.

Os propongo una actividad que hemos llamado: El rostro Humano.

B.Munari

 

Edad:  niños, a partir de 6 años.

Material:  papel blanco y ceras, lápices, acuarelas, revistas, telas…

Objetivo: desarrollar el pensamiento y la capacidad creativa, acercándonos a otro modo de pensar y buscar soluciones: el pensamiento divergente.

Metodología:  Basada en que los niños se hagan preguntas y comprendan que no hay una única respuesta sino multiples, para así poder mejorar su aprendizaje y adaptarlo al contexto actual.

Desarrollo de la actividad: ¿De cuántos modos se puede representar un rostro humano? 

En el capítulo: Diseño Visual, del libro de Bruno Munari: El Arte como oficio, hemos extraído unas fichas que podéis encontrar en el siguiente enlace: variaciones del rostro humano. Bruno Munari. Empezamos la actividad, sin mostrar al niño las fichas, proponiendo preguntas del tipo:

  • ¿De cuántos modos se puede representar un rostro humano de frente?
  • ¿Cómo lo dibujarías con lápiz? y con acuarela? y si hiciésemos un collage con trozos de revista? (y que la vaya dibujando)
  • ¿Cómo te imaginas que haríamos una cara con una red metálica?, ¿Y con trozos de paja? 
  • ¿El resultado es el mismo?, ¿nos han salido las mismas caras o cada material nos inspira una cara diferente?
  • ¿Cómo dibujaríamos una cara que se ve detrás de una botella de agua? ¿Y detrás de una persiana de listones de madera?
  •  …

A continuación, les vamos mostrando las fichas, no para que consideren que son la solución a la actividad propuesta, sino para que las observen, copien, coloreen, recorten, manipulen, etc…(seguro que con algunas se ríen). Podemos, además, provocarles para que  reflexionen sobre sus anteriores dibujos y los que ahora ven, y para que puedan comparar, observar o seleccionar, por ejemplo, qué cara puede ajustarse mejor a una anuncio de maquillaje, o a un cómic, o a un dibujo animado…

Espero que lo disfrutéis.


Deja un comentario

El dibujo infantil y las primeras fases de su desarrollo

Siguiendo los pasos de Rudolf Arnheim, en su libro Arte y Percepción visual, vamos a acercarnos al dibujo infantil y a las sucesivas fases en las que el niño va desarrollando su expresividad y evoluciona su representación gráfica. 

El dibujo infantil se relaciona preferentemente con la curiosidad, la improvisación y el juego. En el niño, análogamente a lo que ocurre en las culturas primitivas, el dibujo antecede a la escritura y constituye en el niño una tendencia innata y espontánea, similar a la comunicación oral.

LOS PRIMEROS AÑOS

Fase 1: cómo se modifica la superficie

Las formas más simples e iniciales del dibujo infantil se basan en modificar la superficie soporte mediante trazos. El niño encuentra una gran satisfacción en trazar líneas y garabatos en un papel, en la arena o en el plato de puré. J.Gibson opina, en Ecological Approach to the visual Perception, que la causa de este placer reside en el hecho de que al mover la mano, el niño consigue una misteriosa modificación de la superficie, haciendo visible algo que antes no estaba allí.

Fase 2: los trazos…

El niño va siendo capaz de distinguir entre diversos trazos: traza líneas rectas y curvas, distingue donde empieza y acaba una línea, aprende a cambiar de dirección y a realizar trazos en zigzag…Y posteriormente descubre que las líneas se pueden intersecar y conectar y que puede realizar líneas paralelas.

De todo lo anteriormente expuesto, deducimos que en el niño existe una primacía absoluta del hacer sobre el copiar. Muchos de nosotros, padres y docentes, habremos observado que el niño que está dibujando no intenta copiar la realidad, se concentra intensamente en el acto de dibujar, observando las modificaciones que con sus lápices logra realizar sobre el papel y no compara sus logros con la realidad.

Fase 3: qué estoy dibujando… (los sustitutivos eficaces)

El niño, en paralelo al descubrimiento de las posibilidades del grafismo, es capaz de identificar en los dibujos o imágenes que ve en los libros, ciertas equivalencias con sus dibujos. Alrededor de los tres años, el niño comienza a descubrir y comunicar a los demás «qué ha dibujado». A los cuatro años, algunos niños ya señalan lo que van a dibujar antes de hacerlo, y esta intención representativa alcanza el nivel más alto a los cinco años, de modo que un niño de seis años ya expresa qué es lo que representa su dibujo.

¿Qué quiere representar, en estas primeras fases, el niño con sus dibujos? Lo que sabe o conoce de aquello que quiere dibujar, quiere crear una imagen que represente lo que él quiere evocar. Y, ante la ausencia de crítica y criterios racionales (en estos primeros años, la distinción entre ficción y realidad es casi inexistente), el niño identifica libremente su dibujo con el objeto que quiere evocar: unas líneas verticales pueden representar un árbol o unos círculos superpuestos el cuerpo de un niño. Y, a medida que vaya creciendo, variará y modificará sus dibujos si cree que cumplen mejor la función de expresar lo que quiere representar.

 


Deja un comentario

Actividades de educación emocional: CONCIENCIA EMOCIONAL

Como propone la profesora Esther García Navarro, en su artículo «Educar con Inteligencia Emocional en familia», algunas de las actividades para fomentar el desarrollo de la conciencia emocional en nuestros hijos pueden ser:

  • La emoción en la cara. Dibujar con los niños caras que expresen las diferentes emociones que conocen y que ellos experimentan habitualmente. Estos dibujos, además, pueden colgarlos en la pared y dirigirse a ellos para ayudarles a expresar lo que sienten en un momento determinado.
  • Imitando emociones. Jugar con los niños delante del espejo a imitar diferentes emociones, de este modo ellos también pueden observar cómo cambian sus caras cuando sienten determinadas emociones. Hay un juego de cartas: Grimaces de Djeco, para niños desde 6 años, que a los niños les divierte mucho y nos puede servir para idear nuevos juegos de imitación de caras y expresiones.
  • La emoción presente. Introducir el vocabulario emocional en el diálogo que establecemos con nuestros hijos cuando nos cuentan algún suceso importante que les haya ocurrido. Ayudarles a conectar con lo que han sentido, ayudarles a poner nombre a sus sentimientos y ayudarles a detectar por qué se han sentido de un determinado modo y cuál ha sido el comportamiento derivado de esa emoción. Las emociones también están presentes en «los deberes». Estar alerta y detectar un posible bloqueo emocional es clave para ayudarles en su aprendizaje: el niño, algunas veces, no tiene dificultad con los conocimientos que adquiere, sino con lo que piensa y cree de sí mismo: su autoconcepto y su autoestima; ocurre con frecuencia que, ante un ejercicio matemático, si el niño siente que él no es capaz de resolverlo, porque ha interiorizado que a él se le dan fatal «las mates» y que son muy difíciles, se bloquea emocionalmente y establece él mismo una barrera para su aprendizaje.
  • Diario emocional. Cuando los niños son adolescentes podemos animarles a que empiecen un diario emocional; se trata de que tomen nota de sus estados de ánimo, de las emociones que sienten, si son positivas o negativas, si les ayudan o dificultan… y que tomen conciencia de cómo pueden modificar y reconducir una emoción que no les ayuda.


2 comentarios

¿Cómo empezar a educar emocionalmente en familia? PASO 1: CONCIENCIA EMOCIONAL

La semilla de la educación emocional florece preferentemente en la familia. La familia es el espacio donde se crean y se entrelazan nuestros afectos, donde los niños ( y los mayores) aprenden a relacionarse y ensayan su sociabilidad, donde queremos y se nos quiere por SER lo que somos…. Esta semilla emocional encuentra un terreno especialmente preparado para crecer en los niños. Porque los niños tienen una extraordinaria capacidad de admiración, son disciplinables y son tiernos, los niños son crédulos, son caritativos, son simples y no son maliciosos.

¿Cómo empezar a educar emocionalmente? La Conciencia emocional

El primer paso es la conciencia emocional: comprender qué nos pasa, identificar nuestras emociones, sin juzgarlas.

Para educar a nuestros hijos, debemos empezar por conocernos a nosotros mismos, pues somos el modelo en que ellos se fijan e imitan y, como todos sabéis, el «conócete a tí mismo» socrático no es tarea fácil. Para trabajar nuestra conciencia emocional, podemos hacernos preguntas, cuestionarnos en diferentes momentos y situaciones de cada día: ¿Cómo me siento?… ¿Por qué me siento así?…¿Cómo estoy manifestando lo que siento?…¿Esta emoción me está ayudando en este momento o está dificultando lo que quiero hacer?.

Éste puede ser el principio de un camino de crecimento personal que tiene como objetivo ayudar-nos y ayudar a nuestros hijos a ser emocionalmente inteligentes. Ayudar a los niños a identificar y comprender cómo se sienten es una tarea que podemos empezar desde muy pequeños. Adaptándonos a la edad y a la etapa de desarrollo del lenguaje, podemos ayudarles a que presten atención a sus emociones: tristeza, alegría, enfado, sorpresa, miedo, rabia, vergüenza… y que aprendan a nombrar esos sentimientos. Podemos empezar incluyendo este vocabulario en nuestra vida diaria, preguntar a los niños, de modo natural y habitual, cómo se sienten y ayudarles a etiquetar la emoción que están experimentando.

Otro aspecto esencial es transmitir a nuestros hijos que sentir es legítimo. Que nos sintamos enfadados, avergonzados o tristes es legítimo, pero el comportamiento que de esta emoción se derive, lo podemos y debemos controlar: «como estoy enfadado, reacciono impulsivamente y pego a mi amigo», éste es un comportamiento que debemos aprender y enseñar que no es aceptable y aprender que otro modo de responder a la emoción del enfado es posible.


3 comentarios

Informe Delors: «La educación encierra un tesoro»

El denominado Informe Delors es un estudio de la «Comisión Internacional sobre la Educación del siglo XXI» (presidida por Jacques Delors), que se publicó en 1996 por encargo de la UNESCO, bajo el título: La educación encierra un tesoro. Entre sus objetivos, se quiere señalar la función indispensable que tiene la educación, como instrumento para que la humanidad pueda progresar hacia los ideales de paz, libertad y justicia social.

El Informe consta de tres partes: Horizontes, Principios y Orientaciones. En la segunda parte, dedicada a los Principios de la Educación, se reflexiona sobre cuáles deben ser los pilares de la Educación. Nos ofrece una orientación muy interesante acerca de cuáles son las claves, en un momento incierto como el actual,  sobre las que podemos construir, entre todos, la Educación de nuestros hijos y resume maravillosamente qué es una educación global e integral:

 «La educación a lo largo de la vida se basa en cuatro pilares: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos, aprender a ser.

Aprender a conocer, combinando una cultura general suficientemente amplia con la posibilidad de profundizar los conocimientos en un pequeño número de materias. Lo que supone además: aprender a aprender para poder aprovechar las posibilidades que ofrece la educación a lo largo de la vida.

Aprender a hacer, a fin de adquirir no sólo una calificación profesional sino, mas generalmente, una competencia que capacite al individuo para hacer frente a gran número de situaciones y a trabajar en equipo. Pero, también, aprender a hacer en el marco de las distintas experiencias sociales o de trabajo que se ofrecen a los jóvenes y adolescentes, bien espontáneamente a causa del contexto social o nacional, bien formalmente gracias al desarrollo de la enseñanza por alternancia.

Aprender a vivir juntos desarrollando la comprensión del otro y la percepción de las formas de interdependencia -realizar proyectos comunes y prepararse para tratar los conflictos- respetando los valores de pluralismo, comprensión mutua y paz.

Aprender a ser para que florezca mejor la propia personalidad y se esté en condiciones de obrar con creciente capacidad de autonomía, de juicio y de responsabilidad personal. Con tal fin, no menospreciar en la educación ninguna de las posibilidades de cada individuo: memoria, razonamiento, sentido estético, capacidades físicas, aptitud para comunicar…

Mientras los sistemas educativos formales propenden a dar prioridad a la adquisición de conocimientos, en detrimento de otras formas de aprendizaje, importa concebir la educación como un todo. En esa concepción deben buscar inspiración y orientación las reformas educativas, tanto en la elaboración de los programas como en la definición de las nuevas políticas pedagógicas.»