Esta maravillosa charla de Ken Robinson nos inspira, nos conmueve y nos anima a emprender el camino de hacer florecer el talento de los niños:
Esta maravillosa charla de Ken Robinson nos inspira, nos conmueve y nos anima a emprender el camino de hacer florecer el talento de los niños:
«Es de suma importancia que reconozcamos y alimentemos todas las inteligencias humanas y todas las combinaciones de inteligencias. Todos somos tan diferentes porque todos poseemos combinaciones distintas de inteligencias. Si reconocemos este hecho, creo que al menos tendremos más posibilidades de enfrentarnos adecuadamente a los numerosos problemas uqe se nos plantean en esta vida».
Howard Gardner
Éste es el corazón de la Teoría de las Inteligencias Múltiples. Teoría formulada en 1983 por Howard Gardner, psicólogo estadounidense, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2011, titular de la cátedra de Cognición y Educación John H. & Elisabeth A. Hobbs de la Escuela Superior de Educación de la Universidad de Harvard, donde también ejerce como profesor adjunto de Psicología, y uno de los intelectuales más influyentes del proceso de renovación educativa. Actualmente, y desde 1972, codirige el Project Zero, un grupo de investigación de la Universidad de Harvard que estudia los procesos de aprendizaje de niños y adultos.
Os propongo acercarnos a la interesante teoría de las Inteligencias Múltiples, que ya introduje en un post anterior: De las ideas a la práctica. El talento creativo en el proyecto del Colegio Montserrat. Teoría de la que algunos habréis oído hablar, a muchos creo que puede interesar y, desde luego, que constituye un increíble avance en las investigaciones acerca de la Inteligencia y nos aproxima a una visión de la educación mucho más personal y humana.
Cada uno tiene una combinación propia de inteligencias, por tanto tenemos la oportunidad, enlazando con la propuesta de Ken Robinson, de descubrir nuestro talento (o nuestro «Elemento» en el caso de Robinson), aquello para lo que mostramos unas ciertas aptitudes y que, además, nos gusta. Esta idea nos aporta un enfoque mucho más positivo de la tarea de educar. Si antes se «medía» el cociente intelectual del alumno (C.I.) considerando que la inteligencia era única y medible, y ésta se asociaba únicamente a las funciones cognitivas verbal y matemática, con esta nueva investigación se demuestra que no todos poseemos la misma inteligencia. Por ello, TODOS podemos potenciary hacer crecer nuestras habilidades y competencias: nuestra Inteligencia.
Gardner distingue ocho inteligencias: (extraído del libro «Inteligencias múltiples en el aula: Guía práctica para educadores» (2006): T. Armstrong. Ed.Paidós)
Inteligencia lingüística. Capacidad de utilizar las palabras de manera eficaz, ya sea de forma oral o escrita (poetas, periodistas, narradores, políticos).
Inteligencia lógico-matemática. Capacidad de utilizar los números con eficacia (matemáticos, estadísticos) y de razonar bien (científicos, programadores).
Inteligencia espacial. Capacidad de percibir el mundo de manera precisa y de llevar a cabo transformaciones basadas en esas percepciones ( arquitectos, artistas, inventores).
Inteligencia cinético-corporal. Domino del propio cuerpo para expresar ideas y sentimientos (actores, atletas) y facilidad para utilizar las manos en la creación o transformación (artesanos, cirujanos).
Inteligencia musical. Capacidad de percibir, discriminar, transformar y expresar las formas musicales (crítico musical, compositor, intérprete).
Inteligencia interpersonal. Capacidad de percibir y distinguir los estado anímicos, las intenciones, las motivaciones y los sentimientos de otras personas: Inteligencia Social.
Inteligencia intrapersonal. Capacidad de autoconocimiento y capacidad para actuar según este conocimiento: imagen precisa de nosotros mismos, conciencia de nuestros estado de ánimo y motivaciones: Inteligencia Emocional.
Inteligencia naturalista. Capacidad para reconocer y clasificar las numerosas especies de flora y fauna del entorno.
(*) Recientemente se ha añadido la Inteligencia trascendente, o espiritual
2. La inteligencia es la capacidad de resolver problemas y crear productos en un entorno rico en contextos.
No se puede, por tanto, «medir» la inteligencia aislando al niño del contexto y proponiendo tareas que nunca ha realizado. De ahí, el daño ocasionado a algunos alumnos hasta los años 80, por los denominados «test de inteligencia». Test en los que se determinaba categóricamente, en base a los resultados de aquellas famosas pruebas de lógica, visión espacial o expresión verbal, el «grado de inteligencia» y estos resultados eran determinantes para seguir estudiando en la Universidad o no continuar, o para determinar qué carrera había que estudiar.
Hoy, y tras numerosas investigaciones neurocientíficas, se ha demostrado que esta visión determinista de las capacidades intelectuales de los niños no puede mantenerse. Hoy, desde el ámbito educativo, se apunta a atender a las capacidades individuales de cada niño y a facilitarles el desarrollo de las mismas en el entorno que les es propio.
Para acabar, os dejo un enlace para conocer mejor la figura de Howard Gardner.
Os propongo una actividad que hemos llamado: El rostro Humano.
Edad: niños, a partir de 6 años.
Material: papel blanco y ceras, lápices, acuarelas, revistas, telas…
Objetivo: desarrollar el pensamiento y la capacidad creativa, acercándonos a otro modo de pensar y buscar soluciones: el pensamiento divergente.
Metodología: Basada en que los niños se hagan preguntas y comprendan que no hay una única respuesta sino multiples, para así poder mejorar su aprendizaje y adaptarlo al contexto actual.
Desarrollo de la actividad: ¿De cuántos modos se puede representar un rostro humano?
En el capítulo: Diseño Visual, del libro de Bruno Munari: El Arte como oficio, hemos extraído unas fichas que podéis encontrar en el siguiente enlace: variaciones del rostro humano. Bruno Munari. Empezamos la actividad, sin mostrar al niño las fichas, proponiendo preguntas del tipo:
A continuación, les vamos mostrando las fichas, no para que consideren que son la solución a la actividad propuesta, sino para que las observen, copien, coloreen, recorten, manipulen, etc…(seguro que con algunas se ríen). Podemos, además, provocarles para que reflexionen sobre sus anteriores dibujos y los que ahora ven, y para que puedan comparar, observar o seleccionar, por ejemplo, qué cara puede ajustarse mejor a una anuncio de maquillaje, o a un cómic, o a un dibujo animado…
Espero que lo disfrutéis.
Siguiendo los pasos de Rudolf Arnheim, en su libro Arte y Percepción visual, vamos a acercarnos al dibujo infantil y a las sucesivas fases en las que el niño va desarrollando su expresividad y evoluciona su representación gráfica.
El dibujo infantil se relaciona preferentemente con la curiosidad, la improvisación y el juego. En el niño, análogamente a lo que ocurre en las culturas primitivas, el dibujo antecede a la escritura y constituye en el niño una tendencia innata y espontánea, similar a la comunicación oral.
LOS PRIMEROS AÑOS
Fase 1: cómo se modifica la superficie…
Las formas más simples e iniciales del dibujo infantil se basan en modificar la superficie soporte mediante trazos. El niño encuentra una gran satisfacción en trazar líneas y garabatos en un papel, en la arena o en el plato de puré. J.Gibson opina, en Ecological Approach to the visual Perception, que la causa de este placer reside en el hecho de que al mover la mano, el niño consigue una misteriosa modificación de la superficie, haciendo visible algo que antes no estaba allí.
Fase 2: los trazos…
El niño va siendo capaz de distinguir entre diversos trazos: traza líneas rectas y curvas, distingue donde empieza y acaba una línea, aprende a cambiar de dirección y a realizar trazos en zigzag…Y posteriormente descubre que las líneas se pueden intersecar y conectar y que puede realizar líneas paralelas.
De todo lo anteriormente expuesto, deducimos que en el niño existe una primacía absoluta del hacer sobre el copiar. Muchos de nosotros, padres y docentes, habremos observado que el niño que está dibujando no intenta copiar la realidad, se concentra intensamente en el acto de dibujar, observando las modificaciones que con sus lápices logra realizar sobre el papel y no compara sus logros con la realidad.
Fase 3: qué estoy dibujando… (los sustitutivos eficaces)
El niño, en paralelo al descubrimiento de las posibilidades del grafismo, es capaz de identificar en los dibujos o imágenes que ve en los libros, ciertas equivalencias con sus dibujos. Alrededor de los tres años, el niño comienza a descubrir y comunicar a los demás «qué ha dibujado». A los cuatro años, algunos niños ya señalan lo que van a dibujar antes de hacerlo, y esta intención representativa alcanza el nivel más alto a los cinco años, de modo que un niño de seis años ya expresa qué es lo que representa su dibujo.
¿Qué quiere representar, en estas primeras fases, el niño con sus dibujos? Lo que sabe o conoce de aquello que quiere dibujar, quiere crear una imagen que represente lo que él quiere evocar. Y, ante la ausencia de crítica y criterios racionales (en estos primeros años, la distinción entre ficción y realidad es casi inexistente), el niño identifica libremente su dibujo con el objeto que quiere evocar: unas líneas verticales pueden representar un árbol o unos círculos superpuestos el cuerpo de un niño. Y, a medida que vaya creciendo, variará y modificará sus dibujos si cree que cumplen mejor la función de expresar lo que quiere representar.
Además de motivar a los niños para aprender de forma creativa, debemos tener en cuenta que existen, lo que la profesora Teresa Amabile en su libro «El espíritu creativo” llama los asesinos de la creatividad, barreras que inhiben el desarrollo creativo. Amabile señala que la creatividad no es un rasgo exclusivo de la personalidad del niño, sino que se desarrolla y está condicionado por su entorno: la familia y el entorno escolar, social o cultural; de ahí nuestra responsabilidad para potenciar el talento creativo en nuestros hijos y alumnos.
Estos asesinos de la creatividad son:
La vigilancia: Si el niño se siente continuamente observado y juzgado mientras realiza cualquier tarea, va desarrollando un progresivo miedo a equivocarse y pierde las ganas y el placer de pensar y trabajar de modo creativo.
La evaluación y la recompensa: Es importante evaluar los resultados pero no debe ser lo único que cuente. El niño debe aprender a encontrar satisfacción en lo que hace, independiente de la evaluación y de la recompensa que por ello obtenga.
La competencia: fomentar la competencia en lugar de la colaboración hace sentir al niño que debe trabajar solo. Cada niño tiene su ritmo de trabajo y progreso y es importante respetarlo, además debemos fomentar el trabajo en equipo y encontrar el lugar que cada uno tiene dentro de un grupo y lo que puede aportar para conseguir un objetivo colectivo.
El exceso de control y la restricción de elecciones: Indicar al niño exactamente cómo debe hacer las cosas, «provoca la sensación de que cualquier originalidad es un error y cualquier exploración una pérdida de tiempo” según Amabile.
La presión: consiste en establecer expectativas exageradas sobre cualquier tarea, lo cual puede producir en el niño aversión por la misma.