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¿Cómo orientar a los niños hacia un APRENDIZAJE CREATIVO Y FELIZ?


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textos VIII… Si quieres que tu hijo sea bueno, hazlo feliz.

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“En una ocasión, Fabricio Caivano, el fundador de Cuadernos de Pedagogía, le preguntó a Gabriel García Márquez acerca de la educación de los niños. “Lo único importante, le contestó el autor de Cien años de soledad, es encontrar el juguete que llevan dentro”. Cada niño llevaría uno distinto y todo consistiría en descubrir cuál era y ponerse a jugar con él. García Márquez había sido un estudiante bastante desastroso hasta que un maestro se dio cuenta de su amor por la lectura y, a partir de entonces, todo fue miel sobre hojuelas, pues ese juguete eran las palabras. Es una idea que vincula la educación con el juego. Según ella, educar consistiría en encontrar el tipo de juego que debemos jugar con cada niño, ese juego en que está implicado su propio ser.

Pero hablar de juego es hablar de disfrute, y una idea así reivindica la felicidad y el amor como base de la educación. Un niño feliz no sólo es más alegre y tranquilo, sino que es más susceptible de ser educado, porque la felicidad le hace creer que el mundo no es un lugar sombrío, hecho sólo para su mal, sino un lugar en el que merece la pena estar, por extraño que pueda parecer muchas veces. Y no creo que haya una manera mejor de educar a un niño que hacer que se sienta querido. Y el amor es básicamente tratar de ponerse en su lugar. Querer saber lo que los niños son. No es una tarea sencilla, al menos para muchos adultos. Por eso prefiero a los padres consentidores que a los que se empeñan en decirles en todo momento a sus hijos lo que deben hacer, o a los que no se preocupan para nada de ellos. Consentir significa mimar, ser indulgente, pero también, otorgar, obligarse. Querer para el que amamos el bien. Tiene sus peligros, pero creo que éstos son menos letales que los peligros del rigor o de la indiferencia.

Y hay adultos que tienen el maravilloso don de saber ponerse en el lugar de los niños. Ese don es un regalo del amor. Basta con amar a alguien para desear conocerle y querer acercase a su mundo. Y la habilidad en tratar a los niños sólo puede provenir de haber visitado el lugar en que éstos suelen vivir. Ese lugar no se parece al nuestro, y por eso tantos adultos se equivocan al pedir a los pequeños cosas que no están en condiciones de hacer. ¿Pediríamos a un pájaro que dejara de volar, a un monito que no se subiera a los árboles, a una abeja que no se fuera en busca de las flores? No, no se lo pediríamos, porque no está en su naturaleza el obedecernos. Y los niños están locos, como lo están todos los que viven al comienzo de algo. Una vida tocada por la locura es una vida abierta a nuevos principios, y por eso debe ser vigilada y querida. Y hay adultos que no sólo entienden esa locura de los niños, sino que se deleitan con ella. San Agustín distinguía entre usar y disfrutar. Usábamos de las cosas del mundo, disfrutábamos de nuestro diálogo con la divinidad. Educar es distinto a adiestrar. Educar es dar vida, comprender que el dios del santo se esconde en la realidad, sobre todo en los niños […]

Creo que los padres que de verdad aman a sus hijos, que están contentos con que hayan nacido, y que disfrutan con su compañía, lo tienen casi todo hecho. Sólo tienen que ser un poco precavidos, y combatir los excesos de su amor. No es difícil, pues los efectos de esos excesos son mucho menos graves que los de la indiferencia o el desprecio. El niño amado siempre tendrá más recursos para enfrentarse a los problemas de la vida que el que no lo ha sido nunca […]

Los hermanos Grimm son especialistas en buenos comienzos, y el deCaperucita Roja es uno de los más hermosos de todos. “Érase una vez una pequeña y dulce muchachita que en cuanto se la veía se la amaba. Pero sobre todo la quería su abuela, que no sabía qué darle a la niña. Un buen día le regaló una caperucita de terciopelo rojo, y como le sentaba muy bien y no quería llevar otra cosa, la llamaron Caperucita Roja”. Una niña a los que todos miman, y a la que su abuela, que la ama sin medida, regala una caperuza de terciopelo rojo. Una caperuza que le sentaba tan bien que no quería llevar otra cosa. Siempre que veo en revistas o reportajes los rostros de tantos niños abandonados o maltratados, me acuerdo de este cuento y me digo que todos los niños del mundo deberían llevar una caperuza así, aunque luego algún agua-fiestas pudiera acusar a sus padres de mimarles en exceso. Esa caperuza es la prueba de su felicidad, de que son queridos con locura por alguien, y lo verdaderamente peligroso es que vayan por el mundo sin ella. “Si quieres que tu hijo sea bueno -escribió Héctor Abad Gómez, el padre tan amado de Faciolince-, hazlo feliz, si quieres que sea mejor, hazlo más feliz. Los hacemos felices para que sean buenos y para que luego su bondad aumente su felicidad”.

Gustavo Martín Garzo. La educación de los niños, publicado en el periódico El País, el 15 de junio de 2008.  

Para leer el artículo completo, podéis encontrarlo en el siguiente enlace: EL PAÍS

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Para enseñar tenemos que “construir relaciones”

En esta breve conferencia, tan inspiradora para todos los educadores, Rita Pierson, maestra durante más 40 años, defiende el valor de la conexión humana en la tarea de enseñar. Y es que ningún aprendizaje significativo se puede originar sin una relación humana significativa, y si volvemos la vista atrás, todos podemos recordar ese profesor que tanto nos influenció y con el que, probablemente, tuvimos una relación que trascendía a lo puramente académico.

Porque además de mejorar el rendimiento académico de los alumnos, tenemos que ayudarles a construir su autoestima, a configurar una imagen positiva de sí mismos y debemos hacer que se sientan capaces de aprender y capaces de ser lo que quieran ser. En definitiva, se trata de creer de verdad en ellos.


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pOEma VI … Carpe Diem

niña-barco

Aprovecha el día.
No dejes que termine sin haber crecido un poco,
sin haber sido un poco más feliz, 
sin haber alimentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie
te quite el derecho de
expresarte, que es casi un deber.

No abandones tus ansias de hacer de tu vida
algo extraordinario…

No dejes de creer que las palabras, la risa y la poesía
sí pueden cambiar el mundo…

Somos seres humanos llenos de pasión.
La vida es desierto y es también oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos convierte en 
protagonistas de nuestra propia historia…

Pero no dejes nunca de soñar, 
porque sólo a través de sus sueños, 
puede ser libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores: el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.

No te resignes…
No traiciones tus creencias. Todos necesitamos 
aceptación, pero no podemos remar
en contra de nosotros mismos.
Eso transformaría la vida en un infierno.

Disfruta del vértigo que provoca tener
la vida por delante…
Vívela intensamente y
sin mediocridades.

Piensa que el futuro está en ti y en 
enfrentar tu tarea con orgullo, impulso
y sin miedo.

Aprende de quienes pueden enseñarte.
No permitas que la vida
te pase por encima
sin que la vivas.”

Walt Whiltman


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¿Qué quieres ser realmente de mayor?

Si dedicamos unos minutos a escuchar_nos, tarea aparentemente muy difícil hoy en día, podremos observar cómo existe una creciente distancia entre lo que desearíamos hacer con nuestra vida, de corazón, y nuestra “vida real”.

Cuántas veces preguntamos a nuestros alumnos, o a nuestros hijos, ¿Qué quieres hacer al acabar la escuela?… presuponiendo, claro, que la única alternativa es estudiar y, a poder ser, algo “de provecho”.Pero cuando conseguimos que los adolescentes  se abstraigan del propósito puramente económico, y cuando les invitamos a cuestionarse: ¿A qué te gustaría dedicarte? ¿Cómo crees que disfrutarías realmente de tu vida?, comprobamos cómo las respuestas conectan directamente con sus talentos, con sus inquietudes, con sus intereses. Estamos descubriendo aquello que el hijo/alumno quiere realmente para su vida. No es automático, muchas veces nos ahogamos en un “mar de dudas”, pero es muy emocionante saber que esta búsqueda nos conduce hacia nuestro verdadero “Elemento“, del que tanto hemos hablado en emoCreativos. 

Porque… ¿Cómo aconsejar hoy a un adolescente que estudie una carrera de la que no podemos garantizar un futuro seguro y rentable?; ¿Tenemos nosotros la certeza de lo que ocurrirá dentro de una década?. Seguramente no. Por eso, y considerando como uno de los aspectos positivos de este mundo “en crisis” la no-inmediatez de las respuestas, proponemos una alternativa: Buscar el lugar secreto en que sabemos quiénes somos de verdad: buscar aquello que nos apasiona y que “se nos da bien”, aquello que nos hace perder la noción del tiempo, aquello que necesitamos hacer para vivir porque sólo así nos sentimos felices

… no son sueños, no estamos hablando de utopías irrealizables… aunque nos mostremos escépticos, hoy sabemos que esto funciona: os recomendamos los casos reales que Ken Robinson explica en su libro: El elemento: Descubrir tu pasión lo cambia todo, como el caso de Bart Conner.

De muchas de estas cosas nos habla el siguiente vídeo:


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textos V …es precisamente “perdiendo el tiempo” como nos hacemos mayores

“Nuestros desplazamientos, cada vez más a menudo, son traslados, pasos de un punto a otro, dirigidos a un objetivo, por tanto proyectados al futuro, ligados a una función. Distraídos por estas preocupaciones intentamos llegar en el menor tiempo posible al lugar de destino.

Los niños se comportan de manera totalmente diferente. Viven sus desplazamientos como una sucesión de momentos presentes, cada uno importante en sí mismo, cada uno digno de una parada, de una sorpresa, de un contacto. Y entonces los tiempos se alargan, los bolsillos de los niños se llenan de piedras, de hojas, de papeles, y la mente se llena de imágenes, de preguntas, de nuevos descubrimientos. Y todo está junto: lo hermoso, lo nuevo, lo general y lo particular.

Esto suele ser causa de incomprensión por parte de los mayores que recomiendan neciamente: “¡No te detengas a cada momento!”, “¡No pierdas el tiempo!”, sin darse cuenta de que es precisamente perdiendo el tiempo como nos hacemos mayores”.

La ciudad de los niños. Francesco Tonucci


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Un minuto para mirar_nos

…porque una imagen nos transmite mucho, desde cosmograma.com nos llega esta estupenda propuesta…

Qué mejor que mirar_nos y reflexionar sobre lo que somos y lo que hacemos, sobre nuestras capacidades y talentos, sobre lo que nos hace felices… Parece fácil, pero no estamos acostumbrados a pensar, con cierta distancia crítica, sobre nosotros.

Desde nuestro compromiso educativo, nos preguntamos:

¿No es importante tener en cuenta estas claves para orientar a los niños en su aprendizaje?

¿No debemos, como primer paso, identificar lo que a los niños le gusta, lo que aman hacer, lo que “se les da bien”, lo que les interesa, para así construir con ellos su “mapa del talento”?

¿Consideramos, además de nuestros intereses e inclinaciones, lo que podemos aportar al mundo? ¿Cuál es nuestra vocación y cuál es nuestra misión?

Como dice K. Robinson todo esto es El elementoaquello que nos apasiona y que “se nos da bien”, aquello que, mientras lo hacemos, nos hace perder las nociones de espacio y tiempo, aquello que “necesitamos hacer” porque nos sentimos felices (independientemente de si nos pagan o no). El elemento es el lugar secreto en que sabemos quiénes somos. Descubrirlo implica convertirnos en los protagonistas de nuestra vida.

Recuperar nuestro elemento y ayudar a los niños a descubrirlo es, desde luego, avanzar en el camino hacia un aprendizaje creativo y feliz