Minkyu Lee ha dirigido este maravilloso corto, nominado a los premios Oscar 2013. A nosotros nos lo ha regalado un verdadero «corazón perruno» y estamos seguro de que su delicadeza os atrapará.
Minkyu Lee ha dirigido este maravilloso corto, nominado a los premios Oscar 2013. A nosotros nos lo ha regalado un verdadero «corazón perruno» y estamos seguro de que su delicadeza os atrapará.
Hasta hace veinte años, lo que sabíamos acerca del cerebro humano nos llegaba de un modo «indirecto»: con estudios experimentales en animales, o mediante el estudio de cerebros «dañados» que requerían una intervención quirúrgica. La actual revolución técnica ha permitido, entre otras cosas, crear la tecnología capaz de observar y analizar científicamente cómo funciona realmente el cerebro. Por tanto, la antigua idea de que el cerebro está diseñado exclusivamente por la genética ha quedado obsoleta, dejando paso al descubrimiento, tan positivo para el aprendizaje, de que los cerebros «se construyen» mediante nuestras experiencias, que moldean literalmente el cerebro (como hemos explicado en una entrada anterior dedicada al concepto de plasticidad).
«El mensaje emergente es claro: el cerebro, con su compleja arquitectura e ilimitado potencial es una entidad enormemente plástica y constantemente cambiante, poderosamente modelado por nuestras experiencias de la infancia y a través de toda la vida» Diamond y Hopson (1998)
Pero mientras la neurociencia avanza a un ritmo frenético, la educación todavía parece no sentirse interpelada al cambio: ¿Cómo no caer en la cuenta de que la explosión de conocimiento sobre el cerebro afecta, y cómo, al diseño del aprendizaje y a la tarea educativa?
El concepto educación «cerebro-compatible», que por primera vez acuñó Leslie Hart en su libro Human Brain and Human Learning se refiere a esto: una educación diseñada para ajustar los escenarios y la instrucción a la naturaleza del cerebro. Para los docentes comprender la biología del aprendizaje es una tarea necesaria, e implica la revisión de nuestras prácticas tradicionales en el aula para poder así evaluar la compatibilidad de nuestro modo de enseñar-aprender con el funcionamiento real del cerebro del niño. El objetivo debiera ser, por tanto, ofrecer al alumno ese aprendizaje real, efectivo, significativo, personalizado y además adaptado a su ritmo y a su estilo de aprendizaje.
Siguiendo el artículo que Jane McGeehan, miembro del Center for effective Learning Susan Kovalic, publicó en la revista Green Teacher, nº 64, podemos destacar tres ideas esenciales del campo de la investigación cerebral, que nos ofrecen una oportunidad para un mejor el aprendizaje cerebro-compatible del alumno:
1. La emoción es el guardián del aprendizaje
Cerebro (Actividad cerebral): El estado emocional del alumno condiciona su aprendizaje. La activación de la amígdala (centinela cerebral de la emoción) ante situaciones de estrés o miedo en el alumno tiene el extraordinario poder de «apagar» su pensamiento racional, dando orden al cuerpo, en milésimas de segundo, para preparase para la defensa.
Aprendizaje (Aplicación educativa): Crear un clima emocional seguro es la primera misión del docente, por ello, establecer lazos positivos entre maestro y alumno es la antesala del buen aprendizaje. Los alumnos están en disposición de aprender sólo si sienten un ambiente de preocupación mutua en el grupo. Por eso es tan importante promover la confianza, el respeto y el cuidado de unos a otros mediante actividades colaborativas y cooperativas.
2. La inteligencia se desarrolla en función de la experiencia
Cerebro (Actividad cerebral): Las variedad y novedad de las experiencias cambian físicamente el cerebro. Se ha podido comprobar científicamente como la riqueza en las experiencias vividas, desarrollan nuevas ramas neuronales: dendritas, e incrementan las conexiones entre ellas: sinapsis.
Aprendizaje (Aplicación educativa): En el aula se trata de proporcionar al alumno la mayor riqueza de medios educativos para el aprendizaje, pero es además fundamental que el alumno viva experiencias de primera mano fuera de la escuela: pisar los charcos, observar las hormigas, vivir de cerca un día en la vida de un anciano… Entender que la riqueza de experiencias es el sustrato para el aprendizaje, es una razón suficiente y valiosa para crear un Aula viva.
3. El cerebro almacena más eficientemente lo que es significativo para el alumno
Cerebro (Actividad cerebral): El proceso seguido ante un estímulo sensorial es el siguiente: primero se activan las neuronas y las sensaciones son transmitidas a través del tálamo y enviadas al neocórtex donde se reordenan. Casi simultáneamente la información se envía a la amígdala para su evaluación emocional y a la corteza frontal para la evaluación de su contenido. Pero en qué consiste esta evaluación: esencialmente el cerebro se pregunta: ¿esto tiene sentido?, ¿me preocupa?… Todo ello está intrínsecamente relacionado con la formación de la memoria, porque científicamente se tiene constancia que contextos emocionalmente importantes crean memorias poderosas, sin embargo la información que carece de sentido personal y no tiene gancho emocional no crea en el cerebro las redes neuronales necesarias para formar la memoria a largo plazo.
Aprendizaje (Aplicación educativa): La primera tarea, a nivel de aula, es el conocimiento del alumno: no podemos conocer aquello que es significativo para un alumno, aquello que le interesa, si no sabemos nada de él, para ello es clave establecer relaciones personales auténticas con los alumnos. Como segundo paso se trataría de conectar los objetivos de aprendizaje con las áreas de intereses de los alumnos y con realidades que les son cercanas. Hay que crear vínculos entre el desarrollo de habilidades con el «funcionamiento» del mundo: promover una apertura real de la escuela a la Comunidad.
«Al margen de lo que aprendéis, el amor vale más que los conocimientos formales»
Somos muchos los que consideramos que la educación del corazón es el pilar sobre el que sustentar el aprendizaje pleno y es la clave para revolucionar y mejorar la educación actual. En el siguiente vídeo podréis acercaros a algunos programas de educación emocional que se han puesto en marcha en E.E.U.U. Seguramente, como nosotros, sentiréis una gran emoción al escuchar a los niños expresando aquello que sienten, y compartiréis con nosotros la idea de que construir un entorno de cariño y pertenencia, en la escuela y en casa, es la manera de lograr alcanzar el aprendizaje significativo y feliz.
«Giocare con l’arte? Ma capiranno?… Così piccoli, capiranno cos’è l’Arte?… Capire cos’è l’Arte è una preoccupazione (inutile) dell’adulto… capire come si fa a farla è invece un interesse autentico del bambini» (Jugar con el Arte? pero lo entenderán?… Tan pequeños, entenderán lo que es el Arte?… Entender qué es el Arte es una preocupación (inútil) del adulto, entender cómo se puede «hacer» (arte) es, sin embargo, un interés auténtico de los niños)
Alberto Munari
Es en el Arte y en los cuentos, pero también en cómo contamos la vida a los niños, cuando se transparentan nuestros pre-juicios hacia ellos: ¿Consideramos a los niños personas capaces de entender el mundo? ¿Nos esforzamos tanto por preservarlos de lo que juzgamos como «triste» o «malo» que les construimos sucesivas esferas de cristal para protegerlos (o aislarlos)?
Los niños necesitan ser respetados y tienen el derecho a rodearse de ambientes ricos de experiencias.
El «enriquecimiento» significa dar nuevas oportunidades. Y esto no es compatible con una ciudad fragmentada donde el niño sólo se relaciona con otros niños y sus padres, pues los lugares de juego y ocio son suturas en el continuo urbano y las aceras ya no se pisotean, las tiendas no se curiosean y ya no se «cruza la calle solo»; no es compatible con una ciudad donde las personas mayores «no existen» porque los barrios están estratificados por edad y condición social. Rodear a los niños de un ambiente rico no es respetar tanto «su espacio» que la mayoría del tiempo están solos abriendo nuevas ventanas virtuales para comunicarse; tampoco es uniformarles ofreciéndoles los mismos «planes familiares», las mismas canciones que les martillean en casa, en la escuela y en el teatro. Apuntemos hacia un horizonte alto que, sin embargo, tiene que ver más con una vuelta a «lo esencial», a las pequeñas cosas y a recuperar un ritmo más humano, el ritmo de los niños.
El «ser respetado» se relaciona con el cómo nosotros les «enseñamos a mirar» el mundo. No nos olvidemos que los niños son personas cuyo nivel de comprensión es mucho mayor del que nosotros creemos. No podemos aislarles de lo que ocurre a su alrededor, pero lo tenemos que hacer de otro modo: podemos «ponernos en sus zapatos» para acercarnos a otro modo de pensar: un pensamiento en el que no se han apagado la curiosidad, la magia o el misterio.
Sobre los niños, sobre cómo son, otra vez Eduardo Galeano nos trae un poco de lucidez:
“Los niños se sienten respetados. Yo no escribo para débiles mentales y buena parte de la literatura que los adultos escriben para los niños está dirigida a niños de muy limitado alcance mental. Son libros que están o destinados a aterrorizar a los niños o son escritos como para tontos.
Esos mitos y cuentos tienen mucho que ver con la religión, con la magia, con un mundo que a veces es despreciado porque no es racional o porque no parece serlo; pero sí que lo es, sólo que lo es rompiendo las costuras de la razón.
Sí que ocurre en el proceso civilizador una suerte de mutilación progresiva de la capacidad de asombro, de magia, de locura. […] el pensamiento mágico puede llegar a ampliar el horizonte de la realidad, mostrándonos otras realidades que están atrás de la que uno ve.»
Eduardo Galeano
Hace unos días formulábamos nuestros recién estrenados deseos para el nuevo año: Encontrar palabras para aprender, enseñar y comunicar lo que somos y lo que sentimos.
BUSCO LA PALABRA
Quiero definirlos en una sola palabra:
¿Cómo son?
Tomo las palabras corrientes, robo de
los diccionarios,
mido, peso e investigo.
Ninguna
responde
La más valiente – cobarde,
La más desdeñosa – aún santa
La más cruel – demasiado
misericordiosa,
La más odiosa – poco porfiada.
Esta palabra debe ser como un volcán,
que pegue, arrastre y derribe,
como la temerosa ira de Dios,
como el hervor del odio.
Quiero que ésta una sola palabra
esté impregnada de sangre,
que como los muros del calabozo
encierre en sí cada tumba colectiva.
Que describa precisa y claramente
quienes eran – todo lo que pasó.
Porque lo que oigo,
lo que se escribe,
resulta poco,
siempre poco.
Nuestra habla es endeble,
sus sonidos de pronto – pobres.
Con empeño busco ideas,
busco esta palabra –
y no la encuentro.
No la encuentro.
Escrito por Wislawa Szymborska, premio Nobel de Literatura 1996, cuando no había cumplido 22 años.
Publicado el 14 de marzo de 1945 en Dziennik Krakowski (Diario de Cracovia).
… de cómo la lectura y la escritura modifican la estructura cerebral …
Las actividades leer y escribir, que habitan nuestro día a día de manera casi imperceptible, repercuten notablemente en nuestro desarrollo intelectual y en nuestro aprendizaje. Demostrar que la capacidad lectora modifica el cerebro y que «hay más materia gris y más neuronas en el cerebro de una persona lectora», como afirma el neurólogo S. Dehaene en su libro Les neurones de la lecture, ha sido el ansiado objetivo de numerosas investigaciones en los últimos años.
_La lectura ayuda a mejorar algunas habilidades sociales, como la empatía_
Como sostiene Emili Teixidor, escritor catalán, autor de La lectura y la vida: “un ávido lector está más dispuesto a abrirse a otras vidas”. El psicólogo Raymond Mar, de la Universidad de Toronto, realizó un estudio en el año 2006 comparando lectores de novelas con no lectores (o personas que leían únicamente libros especializados). Al medir sus habilidades sociales y el modo que tenían de interactuar los dos tipos de lectores se llegó a la conclusión de que «los lectores» tenían una mayor facilidad para ponerse en la piel del otro, resultaron ser más empáticos.
_El poder cerebral de recrear lo imaginado_
Todos hemos experimentado con la lectura cómo despertamos nuestra imaginación y ésta comienza el vuelo. Al leer «nuestro cerebro es capaz de recrear lo imaginado activando las mismas áreas cerebrales que se pondrían en marcha si se ejecutase la acción en la realidad», esta proposición ha sido demostrada por el estudio realizado en la Universidad de Washington, y dirigido por la psicóloga Nicole K. Speer. En el año 2009, en un artículo publicado en la revista Psychological Science, Speer expone:
“Los lectores simulan mentalmente cada nueva situación que se encuentran en la narración. Los detalles de las acciones registrados en el texto se integran en el conocimiento personal de las experiencias pasadas”.
_Leer poesía incrementa nuestra memoria autobiográfica_
Según las conclusiones de otro estudio reciente que trataba de analizar la influencia de la lectura de autores clásicos en la actividad cerebral, y que ha sido realizado en la Universidad de Liverpool: «leer poesía incrementa la actividad del hemisferio derecho del cerebro, que es el área que se encarga de la memoria autobiográfica«. La lectura permite reflexionar a la persona sobre sus propias experiencias y enriquecerlas a la luz de lo leído. Tal y como explica Philip Davis, profesor de filología inglesa y miembro del equipo de investigación:
«La poesía no es solo una cuestión de estilo. Se trata también de profundas interpretaciones de la experiencia, que añaden lo emocional y lo biográfico a lo cognitivo».