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¿Cómo orientar a los niños hacia un APRENDIZAJE CREATIVO Y FELIZ?


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Actividades de educación emocional: CONCIENCIA EMOCIONAL

Como propone la profesora Esther García Navarro, en su artículo «Educar con Inteligencia Emocional en familia», algunas de las actividades para fomentar el desarrollo de la conciencia emocional en nuestros hijos pueden ser:

  • La emoción en la cara. Dibujar con los niños caras que expresen las diferentes emociones que conocen y que ellos experimentan habitualmente. Estos dibujos, además, pueden colgarlos en la pared y dirigirse a ellos para ayudarles a expresar lo que sienten en un momento determinado.
  • Imitando emociones. Jugar con los niños delante del espejo a imitar diferentes emociones, de este modo ellos también pueden observar cómo cambian sus caras cuando sienten determinadas emociones. Hay un juego de cartas: Grimaces de Djeco, para niños desde 6 años, que a los niños les divierte mucho y nos puede servir para idear nuevos juegos de imitación de caras y expresiones.
  • La emoción presente. Introducir el vocabulario emocional en el diálogo que establecemos con nuestros hijos cuando nos cuentan algún suceso importante que les haya ocurrido. Ayudarles a conectar con lo que han sentido, ayudarles a poner nombre a sus sentimientos y ayudarles a detectar por qué se han sentido de un determinado modo y cuál ha sido el comportamiento derivado de esa emoción. Las emociones también están presentes en «los deberes». Estar alerta y detectar un posible bloqueo emocional es clave para ayudarles en su aprendizaje: el niño, algunas veces, no tiene dificultad con los conocimientos que adquiere, sino con lo que piensa y cree de sí mismo: su autoconcepto y su autoestima; ocurre con frecuencia que, ante un ejercicio matemático, si el niño siente que él no es capaz de resolverlo, porque ha interiorizado que a él se le dan fatal «las mates» y que son muy difíciles, se bloquea emocionalmente y establece él mismo una barrera para su aprendizaje.
  • Diario emocional. Cuando los niños son adolescentes podemos animarles a que empiecen un diario emocional; se trata de que tomen nota de sus estados de ánimo, de las emociones que sienten, si son positivas o negativas, si les ayudan o dificultan… y que tomen conciencia de cómo pueden modificar y reconducir una emoción que no les ayuda.


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¿Cómo empezar a educar emocionalmente en familia? PASO 1: CONCIENCIA EMOCIONAL

La semilla de la educación emocional florece preferentemente en la familia. La familia es el espacio donde se crean y se entrelazan nuestros afectos, donde los niños ( y los mayores) aprenden a relacionarse y ensayan su sociabilidad, donde queremos y se nos quiere por SER lo que somos…. Esta semilla emocional encuentra un terreno especialmente preparado para crecer en los niños. Porque los niños tienen una extraordinaria capacidad de admiración, son disciplinables y son tiernos, los niños son crédulos, son caritativos, son simples y no son maliciosos.

¿Cómo empezar a educar emocionalmente? La Conciencia emocional

El primer paso es la conciencia emocional: comprender qué nos pasa, identificar nuestras emociones, sin juzgarlas.

Para educar a nuestros hijos, debemos empezar por conocernos a nosotros mismos, pues somos el modelo en que ellos se fijan e imitan y, como todos sabéis, el «conócete a tí mismo» socrático no es tarea fácil. Para trabajar nuestra conciencia emocional, podemos hacernos preguntas, cuestionarnos en diferentes momentos y situaciones de cada día: ¿Cómo me siento?… ¿Por qué me siento así?…¿Cómo estoy manifestando lo que siento?…¿Esta emoción me está ayudando en este momento o está dificultando lo que quiero hacer?.

Éste puede ser el principio de un camino de crecimento personal que tiene como objetivo ayudar-nos y ayudar a nuestros hijos a ser emocionalmente inteligentes. Ayudar a los niños a identificar y comprender cómo se sienten es una tarea que podemos empezar desde muy pequeños. Adaptándonos a la edad y a la etapa de desarrollo del lenguaje, podemos ayudarles a que presten atención a sus emociones: tristeza, alegría, enfado, sorpresa, miedo, rabia, vergüenza… y que aprendan a nombrar esos sentimientos. Podemos empezar incluyendo este vocabulario en nuestra vida diaria, preguntar a los niños, de modo natural y habitual, cómo se sienten y ayudarles a etiquetar la emoción que están experimentando.

Otro aspecto esencial es transmitir a nuestros hijos que sentir es legítimo. Que nos sintamos enfadados, avergonzados o tristes es legítimo, pero el comportamiento que de esta emoción se derive, lo podemos y debemos controlar: «como estoy enfadado, reacciono impulsivamente y pego a mi amigo», éste es un comportamiento que debemos aprender y enseñar que no es aceptable y aprender que otro modo de responder a la emoción del enfado es posible.


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Comprender, Amar, Proteger, Enseñar y Liberar

El Instituto Coca-Cola de la Felicidad es un proyecto para investigar y difundir los conocimientos sobre la felicidad. Investiga sobre las diferentes variables que influyen para alcanzar la felicidad que todos queremos.

Dentro de estas variables, nosotros como padres podemos ayudar  a nuestros hijos a ser más felices. Alejandra Vallejo-Nágera propone 5 actitudes para aprender a educar a nuestros hijos: Comprender, Amar, Proteger, Enseñar y Liberar. Parecen obvias, y algunas de ellas difíciles de llevar a la práctica, pero nos sirven para pensar en nuestro papel como padres y para marcar nuestro camino.

El artículo tiene el título: La educación de los padres, clave para una vida adulta feliz y saludable y lo encontráis aquí.


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Las emociones y su influencia en el aprendizaje

Recientemente ha sido publicado el interesantísimo Informe Faros 2012¿Cómo educar las emociones? La inteligencia emocional en la infancia y adolescencia. En el capítulo 1: ¿Qué son las emociones?,  Francisco Mora se aproxima al concepto: emoción; según Mora y Sanguinetti (2004), emoción se define como «una reacción conductual y subjetiva producida por una información proveniente del mundo externo o interno ( memoria) del individuo». De esta definición podemos extraer algunas conclusiones que nos guían en nuestro acercamiento a la educación emocional:

  • Las emociones son producidas por estímulos, exteriores o interiores: son nuestra respuesta ante una información que recibimos o que recordamos. Y las personas, a diferencia de los animales, somos «conscientes» de este proceso (o deberíamos serlo); somos conscientes de nuestro sentimiento de «miedo» ante determinadas situaciones que juzgamos peligrosas, pero sin embargo nos es más difícil identificar qué sentimos en otros momentos: ¿ miedo, vergüenza, indefensión…?, ¿por qué a veces no nos sentimos capaces de dar una respuesta satisfactoria, nos sentimos como «paralizados»?… De ahí la importancia de empezar a identificar, primero nosotros para así poder ayudar a nuestros hijos, qué sentimos y por qué nos sentimos así.
  • Las emociones orientan nuestra conducta: son nuestro motor, en palabras de F.Mora: «nos mueven y nos empujan a vivir». Es por ello que es tan importante ser conscientes de lo que «nos pasa» emocionalmente, pues las emociones guían la mayoría de nuestros planes y decisiones. Las emociones son por tanto «guías cognitivas»; esto se traduce, por ejemplo, en que si queremos mejorar la adquisición de conocimientos y, por tanto, mejorar nuestro aprendizaje, podemos trabajar sobre nuestras competencias emocionales. Enseñando al niño a identificar y controlar adecuadamente algunas de sus emociones, podemos enseñarle a aprender mejor, a centrar su atención, a motivarle para el aprendizaje…Las emociones actúan como base de nuestro razonamiento.
  • Las emociones son propias y subjetivas: diferentes en cada uno de nosotros. Gracias a esta diversidad, compartir lo que sentimos nosotros con lo que sienten los demás, no sólo nos conecta con los otros, sino que nos ayuda a comprender nuestras emociones, y a su vez, «ponernos en la piel» de los demás, nos ayuda a empatizar.

Por último, profundizando en la idea de que «en las emociones se basan muchos de nuestros procesos intelectuales», querría subrayar otra de las claves que Mora señala en su artículo, y es la curiosidad: «La curiosidad es el mecanismo emocional que abre las ventanas de la atención por las que entra la información capaz de producir aprendizaje, memoria y conocimiento». Por tanto, proporcionar al niño oportunidades para desarrollar su curiosidad es una de las mayores garantías para motivarle a aprender (ayudar a que se motive intrínsecamente, es decir, motivarle a aprender «por el deseo de aprender», no condicionado a premios o castigos). Por el contrario, el «apagón emocional», que consiste en la disminución de la energía para sentir curiosidad, provoca en el niño no sólo una disminución en la motivación por aprender sino que disminuye la eficacia de su aprendizaje.  


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Educación Emocional y Social… ¿Por qué es necesaria?

 Inteligencia, Competencias y Educación emocional.

En estos últimos años, nos encontramos frecuentemente con que el término «Inteligencia Emocional» se utiliza en ámbitos tan diversos como el empresarial, el educativo o el psico-sanitario. Si bien el concepto «Emotional Intelligence» apareció por primera vez en el año 1990, en un artículo científico de Salovey y Mayer que tenía este título, no fue hasta la publicación del famosísimo libro de Goleman, D. (1995): Emotional Intelligence cuando se produjo la difusión y gran interés por este tema.

Para Daniel Goleman, la Inteligencia Emocional es «la capacidad de reconocer nuestros sentimientos y los ajenos, de motivarnos y de manejar bien las emociones en nosotros mismos y en nuestras relaciones», por tanto los procesos incluidos en el concepto Inteligencia emocional son:

  • Conciencia emocional: consiste en ser capaces de identificar nuestros estados emocionales, de nombrarlos, de expresarlos…. consistiría en identificar:  cómo me siento, y que emociones estoy sintiendo: miedo, ira, alegría, sosiego…
  • Comprensión emocional: consiste en comprender nuestras emociones, ser capaces de analizar el origen de la emoción (pues las emociones actúan de guías cognitivas: nos informan de situaciones complejas en las que la persona se encuentra implicada), : me siento triste porque… también nos ayuda a analicar la transición entre emociones: pasar de la frustración a la ira, del miedo a la calma…
  • Regulación emocional: es el control de las emociones. Poder distanciarnos de la emoción y actuar para regularla, reconduciendo las emociones negativas y potenciando las emociones positivas.

Estos procesos, entre otros, se encuentran incluídos en las llamadas competencias emocionales: aquellas habilidades que las personas necesitan adquirir, y desarrollar adecuadamente, para conseguir su bienestar personal y social. La estrategia para  potenciar estas habilidades para un adecuado crecimiento personal es la Educación emocional.

 ¿Pero, por qué necesitamos hoy una Educación Emocional y Social?

¿Desde cuando y por qué los actuales debates educativos apuntan hacia el corazón, hacia las emociones?

Existen evidencias, fácilmente constatable por todos nosotros, acerca de la relación emoción-salud: las investigaciones han demostrado cómo las emociones negativas influyen en la disminución de nuestras defensas frente a enfermedades… de igual modo, podemos también reconocer una relación entre emoción-bienestar personal, ejemplos de ello podrían ser los efectos positivos que tienen para la felicidad personal, poder controlar la ansiedad o el estrés, o desarrollar un aumento de la tolerancia a la frustración. Pero ¿qué relación existe entre emoción y aprendizaje?, ¿cómo influye la correcta adquisición de competencias emocionales y sociales, en nuestro modo de aprender?

Aunque la respuesta es compleja, y se han desarrollado en los últimos años numerosas investigaciones, algunas de las conclusiones a las que ha llegado D.Goleman se basan en el hecho de que la relación entre el cociente intelectual CI (único parámetro utilizado hasta los años 90 para medir «la Inteligencia») y el nivel de desempeño de las personas en su profesión se encuentra entre un 5% y un 25%. Por tanto, no podemos considerar únicamente las llamadas «habilidades académicas» como objetivo del aprendizaje, pues comprobamos que son insuficientes para dar respuesta a las actuales demandas sociales. Hoy nos encontramos con que muchas de las habilidades que necesitamos para nuestra vida laboral, pertenecen a la categoría de «competencia emocional y social»: la capacidad para formar parte de un equipo, la flexibilidad, la necesidad de aportar nuevas soluciones ante los problemas, la resolución de conflictos…

Por todo ello, la educación emocional y social, que no es sino una «educación para la vida», es una de las claves innovativas a tener en cuenta para mejorar la forma de enseñar-aprender.

Porque una adecuada educación emocional y social  mejora el autoconocimiento emocional del niño, le ayuda en la construcción de su autoconcepto y mejora su  autoestima, aprende a automotivarse, le ayuda a identificar y apreciar las emociones de los demás y, por tanto, aprende a conectar y relacionarse satisfactoriamente con los otros,  y además, facilita su aprendizaje. Porque las competencias emocionales  hacen al niño consciente de los estados emocionales que tienen lugar mientras aprende, y además le convierten en sujeto activo de su proceso de aprendizaje: por ejemplo, le facilitan tener las herramientas necesarias para solucionar algunos tipos de bloqueo, como los que se dan ante un problema matemático (bloqueos emocionales derivados de la creencia que tiene el niño acerca de su incapacidad para resover problemas).

Por último quiero señalar, que no es suficiente con saber de qué se trata el aprendizaje emocional, pues  la educación emocional y social es eminentemente práctica, «se aprende haciendo». Y para ello, compartiremos recursos, metodologías y programas que se están poniendo en práctica en estos últimos años.