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¿Cómo orientar a los niños hacia un APRENDIZAJE CREATIVO Y FELIZ?


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textos VII … el juego como vivero de la inteligencia


jugando

“Jugar no es tan solo una actividad infantil. El juego para el niño y para el adulto es una forma de usar la inteligencia o, mejor dicho, una actitud con respecto al uso de la inteligencia. Es un banco de prueba, un vivero en el que se experimentan formas de combinar el pensamiento, el lenguaje y la fantasía. Del mismo modo que uno puede asfixiar las plantas de un jardín o un vivero plantando mucho, también se puede crear una atmósfera en la que el lenguaje y el pensamiento no se desarrollen ni produzcan las flores que uno esperaría cultivar. A la inversa, hay muchos medios para ayudar al proceso del crecimiento.
Debemos recordar que los niños que juegan no están solos y que solos no es como están mejor por mucho que necesiten momentos de soledad. Pero tanto como necesitan la soledad, necesitan también combinar las propias ideas que conciben solos con las ideas que se les ocurren a los compañeros. Llamemos a esto transacción o como se quiera, pero esta es la esencia, no sólo del juego, sino también del pensamiento. La escuela no debe cultivar únicamente la espontaneidad del individuo, ya que los seres humanos necesitamos diálogo, y es el diálogo lo que brindará al niño los modelos y las técnicas que le permitirán ser autónomo. Concluiré diciendo que el juego libre ofrece al niño la oportunidad inicial y más importante de atreverse a pensar, a hablar y quizás incluso de ser él mismo”.

Jerome Brune


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… se trata de dar el primer paso

… El miedo al papel en blanco, la inquietud antes de empezar una carrera… son emociones que sentimos, y muchas veces nos paralizan, cuando nos disponemos a emprender algo nuevo. Para re-conectarnos con vosotros hemos elegido el libro El punto de Peter H. Reynolds. Porque en estos momentos en los que tenemos todavía “pegados a la piel” a nuestros hijos, después de muchos días de vivir y compartir juntos el tiempo de vacaciones, nos gustaría empezar asentando los cimientos para construir  la “confianza”: confianza de los padres en sus hijos y de cada niño en él mismo.

Y para ello no hay nada mejor que acompañarles, y no juzgarles, durante su proceso creativo. Como hemos dicho muchas veces, los niños son genéticamente creativos: cada niño está capacitado para, por ejemplo, dibujar pero los contextos educativos, su entorno social, nuestros prejuicios…  van haciendo al niño olvidar esa habilidad que tiene y con las que disfruta; además, y de modo más preocupante, este “proceso des-educador” va haciendo perder confianza al niño en estas capacidades innatas. Os invitamos a reflexionar sobre todo ello, una vez más, y os proponemos que animéis a los niños a experimentar, pues sólo “haciendo” y dando el primer paso, se pierde el miedo:

También queremos compartir otro clásico: el programa Redes. Ayer, 15 de septiembre, en el espacio de Elsa Punset (a partir del minuto 18:50, aprox.), realizaron una entrevista muy  interesante a Robert Dilts, experto en creatividad. La podéis seguir en el siguiente enlace:

redes


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… verano …

verano

Desde hace unos días, los niños han empezado sus esperadas vacacioooooooones !!!!! y también en emoCreativos vamos a tomarnos unos días de descanso.

Seguro que todos estaréis deseando cambiar el ritmo y poder, por fin, tener tiempo… … tiempo para poder estar con nuestros hijostiempo para descansar y “no hacer nada”, para jugar, leer, nadar, comer, salir… tiempo para desconectarnos de muchas cosas que nos atan y para poder recuperar otras tantas que, durante el curso, vamos olvidando.

Por eso pensamos que una buena manera de despedirnos por unos días es compartiendo un artículo de Heike Freire, una de las  grandes impulsoras de “educar en verde“. Porque, como apunta Freire:

“Los niños españoles pasan, de media, 990 horas anuales frente a una pantalla y 960 en la escuela. Esto significa unas 1950 horas, sentados en espacios cerrados, en actitud pasiva y en un mundo abstracto y virtual; casi la mitad del tiempo disponible (unas 5000 horas) si restamos el que dedican a dormir (más o menos 3640). Si además añadimos el, difícilmente calculable, destinado a las comidas diarias, los desplazamiento en automóvil, las extraescolares, las visitas al centro comercial o al pediatra… Nos preguntamos: 
¿De cuánto tiempo disponen para correr, saltar y jugar al aire libre? ¿Para mojarse con el agua y “mancharse” con el barro? ¿Encontrarse libremente con sus iguales?  ¿”Hacer el tonto”? ¿Equivocarse y reirse de sus errores? ¿Aburrirse y “no hacer nada”? ¿Jugar con un sencillo “palo” o una piedra? ¿Subirse a un árbol y hacer colonia con pétalos de rosa? ¿Disfrutar creando su propio mundo, sin la intervención de los adultos?
¿Cuántas oportunidades tienen de vivir y sentir  como lo que realmente son, como niños?”
 
Os invitamos a leer: ARBOLES O PORTÁTILES, publicado en Aula de Innovación Educativa, nº 197, Barcelona 2011.

¡¡¡ FELIZ VERANO !!!


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Respetar el mundo imaginario del niño

“Cuando era formador de maestros, un alumno dedicó su tiempo a tratar de hacerse una idea de cómo los alumnos van representando el mundo según su edad. Para lo que nos interesa aquí, algunas de las respuestas que recibió por parte de alumnos de primaria son muy reveladoras respecto a muchos fenómenos naturales y a condiciones sociales:

A Manuela se le preguntó por qué existe la media luna y la luna llena, y ella contestó: “Tal vez debido al tiempo. Cuando hay buen tiempo, entonces hay luna llena; cuando no, entonces hay media luna.” Esto es la lógica infantil pues lo bello, lo bueno es la expresión de lo completo y lo feo, lo malo se asocia con lo incompleto. La luna no es desconocida y lejana, es como una pelota de juego y su tamaño se deja fácilmente determinar con las manos. El sol, como es más brillante, es evidentemente un poco más grande.

La respuesta a la pregunta por qué el cielo es azul, se entiende causalmente: lo que interesa al adulto son las razones de su colorido. Al niño no le interesa nada de eso y cabila sobre el sentido y el propósito de este fenómeno: “Así es muy bonito, pues si la hierba es verde, el cielo no debería de ser también verde, es mucho más bonito si es azul”. La respuesta de Sibylla a la misma pregunta no deja de ser menos interesante: “Debido al agua, pues el agua viene del cielo.” 

Si nosotros, los adultos, pensamos que al hacerle la pregunta: ¿por qué llueve?, un niño nos dará una respuesta causal, estamos muy equivocados, pues los niños piensan naturalmente en términos de finalidad: “así pueden crecer las cosas, si no lloviera, las cosas no podrían crecer y nos moriríamos de hambre”. 

Cuando el adulto le preguntó a la niña lo qué es lo que más le gustaba de la maestra, él presuponía que Sybilla era capaz de citar ciertos rasgos o características de su maestra, en tanto ser humano, y de compararlos entre sí. La respuesta de la niña fue encantadora desde todos los puntos de vista. Lo que más le gustaba era que su maestra “simplemente regresa todas las mañanas y que uno la puede volver a ver.” Generalmente, un niño de siete años tampoco es capaz de dividir “su entorno” en fenómenos parciales buenos y menos buenos. Por eso, a la pregunta sobre lo que más le gustaba en su entorno, Sibylla contestó con una sencillez casi bíblica: “pues ver a mi hermano, a mi madre y a mi padre.”

Debo subrayar que estas respuestas infantiles no son para nada insignificantes o tontas, sino que más bien se basan en otras maneras de percibir el mundo. Y uno no puede automáticamente descartarlas como siendo inferiores a un punto de vista científico. Cuando el estudiante para maestro le preguntó a Sibylla de que tamaño pensaba que era el sol, ella le respondió con una pregunta que hubiese hecho reflexionar a cualquier físico: “¿Con todo y los rayos? ¡Pues con todo y los rayos, es bastante grande! Sin los rayos, es tan grande como la luna.”

Las respuestas de los niños que he citado generan a veces sorpresa y ternura. Uno las escucha con placer, pues en ellas se desvelan trocitos de sabiduría infantil. En realidad, cuando se es maestro, uno puede deleitarse con ello a diario. Siempre y cuando uno preste atención a cómo nuestros alumnos se representan ciertas cosas, antes de proceder a instruirlos. Además, si ellos perciben que los escuchamos atentamente, estarán más propensos a escucharnos también”.

Arthur Brühlmeier

 

(*) Puedes descargar aquí el libro completo: Cabeza, Corazón y ManoEducando en el espíritu de Pestalozzi

 


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Tres cuentos para aprender a coeducar

Cuento-Coeducacion

Hoy queremos compartir con vosotros tres cuentos dirigidos a niños entre 6 y 12 años, cuyo objetivo es que aprendamos a coeducar, esto es, educar en la igualdad desde la diferencia. Como dicen sus autores en el prólogo:

“Para coeducar no necesitamos instrumentos especiales; pero si necesitamos una actitud que sea sensible a lo que hacen mujeres y hombres que sirve para que la vida y la convivencia sigan presentes en este mundo. Esto que parece tan simple, a veces es muy complicado porque no todo el mundo es capaz de valorar las aportaciones de las chicas (madres, maestras, niñas, abuelas, amigas, vecinas, compañeras, etc.) y porque muchas veces seguimos contando lo que pasa, obviando lo que hacen las mujeres, ¡cómo si ellas no hicieran nada!. Por eso vienen bien algunos recursos, como los cuentos, que ayuden a visibilizar un poco más que las mujeres también son protagonistas desde su propio quehacer (sin tener que imitar el mundo masculino), que tienen deseos, aspiraciones muy diversas y se mueven en este mundo con libertad para intentar ser felices.”

Todavía hoy, en los cuentos que contamos a nuestros hijos, perviven muchos estereotipos sobre el rol de género. Los niños reciben mensajes que no se corresponden con su vida cotidiana, en la que poco a poco hombres y mujeres estamos conquistando la igualdad. En estos cuentos para aprender a educar el objetivo final de la narración es otro:

“Si en los llamados “cuentos de hadas” el fin último es el poder (a través de la recuperación de un reino perdido) y el “amor romántico” (consiguiendo el amor eterno entre príncipes y princesas), o en los cuentos de aventuras el fin último es “conseguir lo que nadie antes consiguió” venciendo dificultades insospechadas, quizá en los cuentos coeducativos el fin último es, casi siempre, “atreverse” a disfrutar con lo que es diferente, a valorar la convivencia cotidiana o a descubrir aspectos de (sí) que antes no se conocían. Esto, casi siempre, les proporciona una enorme felicidad y ese es el verdadero “premio” que consiguen las y los protagonistas y aquello por lo que trabajan durante toda su andadura. Para ello, durante el desarrollo de la narración tienen que vencer sus miedos, superar estereotipos, dar valor al cuidado, atreverse a hacer cosas que aparentemente no “pueden” o no “deben” hacer por su condición sexual, considerar la sabiduría de mujeres y hombres que les apoyan…

Con estos cuentos  se quiere aportar una mirada diversa sobre situaciones cotidianas de niñas y niños,  que les abra las mil posibilidades de ser de mil maneras diferentes, que les permita crear, imaginar y jugar de la forma en que deseen y no solo condicionados por los estereotipos de género.

Podéis descargar aquí los cuentos: cuentos co-educar