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¿Cómo orientar a los niños hacia un APRENDIZAJE CREATIVO Y FELIZ?


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Balance entre ATENCIÓN Y EMOCIÓN en la actividad creativa

A partir del artículo publicado en la revista Yorokobu: La ecuación de la creatividad en nuestro cerebro, nos ha interesado descubrir cómo “conviven – compiten” la atención y la emoción en nuestra actividad creativa.

Marc Chagall

Cuando realizamos cualquier actividad cotidiana, en nuestro cerebro tiene lugar una verdadera competición de recursos para poder llevar a cabo lo que nos proponemos. Estos recursos son limitados: podemos, por ejemplo, mantener una conversación con otra persona mientras estamos dibujando pero en el momento en que necesitamos una mayor concentración en una de las dos tareas, reclamamos a nuestra atención que se centre en ella. Lo explica muy bien el profesor de Ingeniería Informática de la UAM y experto en Neurociencia Pablo Varona:

«La atención es un recurso limitado. La cantidad de neuronas que se reclutan para mantener esa atención es limitada y por tanto los distintos procesos cognitivos que simultáneamente puede realizar una persona tienen una limitación, esto es algo evidente»

Si nos detenemos a analizar la actividad creativa, vemos que dos de los procesos que intervienen activamente en ella y que necesitamos para crear son la atención y la emoción. Somos conscientes de necesitar toda nuestra atención y concentración mientras estamos creando algo pero también experimentamos cómo nos vamos adentrando en un gran laberinto sentimental: ansiedad y miedo, alegría y euforia, satisfacción y decepción… Ser conscientes de ello y encontrar el equilibrio entre estos dos procesos es la clave. Según Varona: 

«Balancear adecuadamente los procesos de atención y de emoción viene bien, por ejemplo, para componer una canción si alguien es músico, o para crear un cuadro si alguien es pintor. Tiene que estar muy atento a lo que está haciendo, muy concentrado en cuál es el objetivo, pero también la emoción le va guiando hacia ese objetivo”.

La emoción le va guiando: Hemos hablado en numerosas ocasiones acerca de la gran influencia que pueden tener las emociones en la creatividad. Una emoción negativa, y suficientemente intensa, puede “paralizar” nuestra actividad creadora: reclama tanta atención a nuestro cerebro que secuestra cualquier otra actividad. Como explica Varona:  “Gran parte de sus recursos cognitivos se están dedicando a preocuparse por esa situación y quedan menos para concentrarse en otras cosas. Por el contrario: ¿ qué ocurre cuando, durante el proceso creador, se genera en nosotros un sentimiento de satisfacción, de alegría ? Que el refuerzo positivo impulsa a la atención a seguir concentrada en la tarea. Se genera una retroalimentación que motiva y moviliza. Entramos en “la zona” de la que habla Ken Robinson en El Elemento, que tiene mucho que ver con apasionarnos con aquello que estamos haciendo:

“Hacer lo que amamos puede implicar todo tipo de actividades imprescindibles pero que no son su esencia: cosas como estudiar, planificar, organizar, etc. E incluso cuando estamos haciendo aquellos que amamos, pueden darse frustraciones, decepciones y momentos en lo que sencillamente no funciona o no cuaja. Pero cuando lo hace, transforma nuestra experiencia. Nos volvemos decididos y entregados. Vivimos el momento. Nos perdemos en la experiencia y damos lo mejor de nosotros mismos”.

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textos XIX… el secreto de los cuentos

“Todos los cuentos tienen que ver con el amor, que es encantamiento, atención, desvelo… Y, sobre todo, alegría. Hacer posible lo que no lo parece, reestablecer el reino de la posibilidad, eso es lo que entiendo por alegría. Y esa alegría está en todos los grandes cuentos, y es lógico por ello que queramos que los niños los lean. Y lo mejor para lograrlo es predicar con el ejemplo. Es decir, hacer que la lectura y los libros pasen a ser algo tan natural y gozoso para ellos como ver a su madre haciendo un bizcocho. Creo que no hay escena más maravillosa, más misteriosa, para un niño, pues inevitablemente cuando ve a esa persona querida ensimismada en las páginas de un libro no puede dejar de preguntarse qué es lo que hace en realidad y en qué ocupa sus pensamientos. Adentrarnos en los pensamientos secretos de los seres que amamos, eso es lo que nos permiten los cuentos. Y lo maravilloso es poder leerlos, o escucharlos, como si fuera la primera vez que se hace en el mundo, sin saber nada de ellos: ni siquiera la época en que fueron escritos, ni siquiera el idioma, si están traducidos o no. Poder leerlos, como se escucha una historia en la oscuridad, confiando que nos traiga noticias de lo que amamos, que nos consuele de esa oscuridad, que nos ofrezca motivos para seguir viviendo. […]

[…] La razón última por la que contamos a un niño una historia es buscando su felicidad. No creo que haya una razón de más peso para contársela. Hay otras: que les enseñen a ser generosos, a amar la naturaleza y a los animales, a confiar en los que quieren, a no tener miedo. Pero lo esencial es que les haga felices escucharla. Si no, ¿para qué se la contaríamos? Es como cocinar ciertos platos para ellos. Lo hacemos porque necesitan alimentarse, pero ese mundo de bizcochos, tartas de chocolate, natillas y leche frita, pertenece a lo que antes llamé el mundo del alma. Y el alma es la parte menos doctrinal y previsible del hombre, porque ama vivir sin porqués. Borges decía que quien escribe para niños puede quedar contaminado de puerilidad, y es cierto. Pero no lo es menos que el problema no está en los riesgos que se corren sino en cómo se logran salvar. Además, ¿qué es ser pueril? Somos pueriles cuando jugamos con un niño pequeño o cuando paseamos con un perro. Somos pueriles cuando amamos a alguien, cuando nos arreglamos para ir a una fiesta o cuando bailamos, y lo seremos definitivamente cuando nos hagamos ancianos. Don Quijote es pueril, y muchos personajes de Kafka también lo son. Incluso me atrevería a decir que la lectura es un acto pueril, ya que nos instala en el mundo de la irrealidad. En ese caso, ¿por qué habría de ser mala? La puerilidad no se confunde con la niñería. Tenemos vidas reales pero nos enamoramos de vidas irreales.[…]”

Gustavo Martín Garzo, “El secreto de los cuentos” publicado en el periódico El País, el 24 de Diciembre de 2007


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vulnerables?

A todos nos gusta conectar… conectar, establecer lazos, sentirnos profundamente próximos a los demas. Inmersos hoy en esa conectividad que nos mantiene comunicados a todas horas, nos preguntamos: ¿Es ésa la conexión de la que estamos hablando? ¿Sentimos que compartimos aquello que somos o aquello que nos gustaría ser, esto es: esa “mejor versión de nosotros mismos” que nos hace ser aceptados, queridos, incluidos en el grupo?

Brene Brown en esta charla TED habla de la conexión y del sentido de pertenencia. Comparte la investigación que ha llevado a cabo durante varios años, intentando descifrar el patrón que define a aquellas personas que han encontrado en la vulnerabilidad una vía para conectar con los demás.


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… qué importante es “saber esperar”

Son éstos tiempos en que nos medimos a golpe de “me gusta”, en que aquello que se hace esperar demasiado diluye nuestro interés… es curioso cómo han cambiado los ritmos, los tiempos y la percepción que tenemos de ellos, cómo ha cambiado el modo en que manejamos nuestras esperas y esperanzas.

Por eso hoy se hace necesario “compensar”. Cada momento de cambio, y éste de la revolución digital en particular, trae consigo un contrapeso, algo que equilibre y contrarreste el vértigo que el cambio nos hace sentir. Hablamos de movimientos “slow”, de la atención plena: “mindfullness” o como ser plenamente conscientes de lo que vivimos en cada instante, y necesitamos recuperar, aunque sea en clave diferente, capacidades que tanto la psicología como la neurociencia han demostrado que son positivas para ser, aprender y convivir.

Recuperamos por ello hoy el Test de Marshmallow, un estudio que inició en la década de los sesenta Walter Mischel de la Universidad de Columbia y que señalan la importancia del aplazamiento de la recompensa para el aprendizaje emocional y social de niños y adultos. Mischel demostró la correlación entre la capacidad para controlar los impulsos básicos en la infancia y las características en la vida adulta. 

El experimento consiste en proponer a niños de 4 años de edad que permanezcan en una habitación durante  20 minutos con una golosina delante sin comérsela. Si lo logran conseguirán un premio: dos golosinas. Como explica Jesús C. Guillén en su blog Escuela con cerebro:

“Para un niño de 4 años, constituye un reto importante. La confrontación entre deseo y autocontrol o entre gratificación y demora es extraordinaria.  El control de la impulsividad y la capacidad de gestionar las emociones, y su relación con la voluntad, conlleva importantes aplicaciones educativas. ¿Se imaginan que la respuesta del niño pueda reflejar el carácter o trayectoria que pueda seguir años después en la vida? Pues en eso consistía el estudio.

[…] Los niños que fueron capaces de esperar utilizaron diferentes métodos, como taparse los ojos para resistir la tentación, cantar, jugar o hablar consigo mismos (ver video). Los más impulsivos eran incapaces de resistir la tentación y cogieron la golosina a los pocos segundos de la marcha del experimentador”

Al cabo de unos años (entre doce y catorce) se evaluó, a través de unos test escritos, competencias y habilidades generales que presentaban estos niños, ahora adolescentes. Los resultados pusieron de manifiesto que aquellos niños que, en su momento, fueron incapaces de reprimir sus impulsos presentaban una baja autoestima, eran más indecisos, soportaban peor el estrés  y eran más proclives a discutir y pelearse. Sin embargo los niños con más capacidad de control se mostraban más responsables y socialmente más competentes.  Cuando se evaluaron los resultado académicos de estos jóvenes al acabar el instituto se demostró que éstos tenían una correlación directa con su capacidad para demorar la gratificación en la infancia.

Pero no todo está determinado y, por supuesto, la habilidad de saber esperar y dominar los impulsos se puede aprender.  Como explica W. Mischel : “Hay pocas cosas en un niño pequeño que nos digan cómo será después su vida. Así que el hecho de que la habilidad analizada sea fácilmente apreciable en una edad muy temprana y de que tenga correlaciones a largo plazo hace que plantee un reto interesante en cuanto a su evolución y funcionamiento”. Os proponemos a continuación la entrevista que E. Punset hizo hace algunos años a W. Mischel con el titulo: Felicidad y Voluntad:

redes

Nos parece muy interesante, como conclusión, la propuesta de Jesús C. Guillén que, basándose en las fortalezas de Seligman, presenta un camino para trabajar algunas habilidades emocionales:

“Desde nuestra experiencia docente estamos acostumbrados a percibir la dejadez y la inconstancia en algunos de nuestros alumnos. La nueva Psicología Positiva, impulsada por Martin Seligman, establece seis virtudes, comunes en todas las culturas, cada una de las cuales despliega una serie de fortalezas. Aunque todas tienen implicaciones educativas, es especialmente interesante analizar la virtud valor. Según Seligman, las fortalezas que componen esta categoría, reflejan el ejercicio consciente de la voluntad hacia objetivos encomiables que no se sabe con certeza si serán alcanzados. La perseverancia o el valor constituyen fortalezas de esta categoría. El alumno valeroso actúa y el perseverante comienza lo que acaba. Los docentes tenemos que ser capaces de transmitir a los alumnos que los errores forman parte del proceso de aprendizaje y que han de ser asumidos con naturalidad”.


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un proyecto de educación emocional en marcha

 

proyecto emocionario en el aula de elena

Os traemos hoy un proyecto muy interesante que la maestra de primaria Elena Pintado Málaga está desarrollando este curso en el aula con los niños. Se trata de un proyecto para ayudar a los niños a ir trabajando la competencia emocional, su objetivo es acompañarles en la difícil tarea de identificar lo que sienten, orientarles para poder explicarlo y animarles a compartirlo con los demás. Como punto de partida propone el libro: Emocionario que edita Palabras Aladas , un diccionario de emociones que describe, con sencillez, cuarenta y dos estados emocionales para que el niño (y el adulto) aprenda a identificarlos y, así, pueda decir lo que realmente siente.
En palabras de Elena en su blog  Aula de Elena:
” […]  ¿Cuántas veces hemos confundido una emoción con otra (por ejemplo, envidia y celos)? ¿O no hemos sabido expresar claramente qué sentimos? En fin, yo soy un poco “doña emociones”, pero conozco a más de un adulto bastante poco competente emocionalmente.
Pues para los niños es mucho más complicado todavía, porque tienen una dificultad añadida: el conocimiento lingüístico, el vocabulario, las palabras. Si el lenguaje nos permite manifestar lo que pensamos o sentimos, entonces desconocer determinadas palabras y su significado limitará en gran medida la gama de lo que podamos manifestar. Incluso es posible que nos limite en nuestra capacidad para comprender lo que pensamos o sentimos. Y es que pensar y hablar, por más que no compartan origen, son dos actividades muy vinculadas. Con el itinerario “Di lo que que sientes” pretendo dotar a los niños de los recursos para identificar lo que sienten, para poder expresarlo de forma que los demás los comprendan y, así, aumentar su conocimiento de sí mismos […]”
Os animamos a seguir día a día este interesante proyecto:  Proyecto Emocionario
(de momento han trabajado tres emociones: Ternura, Amor y Odio… ya veréis cómo lo viven los niños!!! )


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Manifiesto sobre educación, arquitectura e infancia

Todos los ciudadanos deberían tener un entendimiento activo del entorno construido, independientemente de la edad, ocupación o formación. Cada uno de nosotros deberá tomar, en algún momento de su vida, una postura en torno a temas relacionados con el medio que nos rodea y, por tanto, tener una opinión sobre la calidad de nuestras propias vidas y las de los demás

Suvi Lindén, ministra de Cultura de Finlandia (1999-2002)

arqutectura-infancia3Imagen perteneciente a los talleres organizados por el colectivo Maushaus

En los meses de mayo y julio de 2014 tuvieron lugar dos encuentros sobre arquitectura e infancia en Madrid y Barcelona. El primero de ellos coincidió con la exposición Playgrounds. Reinventar la plaza en el Centro de Arte Reina Sofía, y el segundo con la celebración del encuentro de Arquitecturas Colectivas BCN 2014 La ciudad no se vende, se vive. Como resultado se ha elaborado este Manifiesto sobre educación, arquitectura e infancia.

… ¿Y por qué nos interesa a nosotros: emoCreativos?… pues porque pone en valor aquellas fortalezas y cualidades que queremos para los niños de hoy: niños curiosos e inquietos, críticos y autónomos, que investiguen, experimenten, pregunten, desmonten certezas y construyan soluciones.

Porque los niños pertenecen a una familia, a un grupo, a una escuela pero también a un lugar. Un lugar que les “educa” y que les interpela, del que respiran y que les reclama su participación.

Manifiesto sobre educación, arquitectura e infancia

1. Respetar la cultura de la infancia, su tiempo, su ritmo

Vosotros tenéis relojes, nosotros tenemos tiempo… Moussa Ag Assarid

Respetar el ritmo de los niños, adaptando el tiempo del adulto al del niño para favorecer el desarrollo de sus capacidades. Dar tiempo para que puedan experimentar y descubrir su entorno. Permitir la pérdida del tiempo en lugar de organizarles de forma rígida su tiempo.

2. Generar curiosidad, estimular ingenios y desmontar certezas

 Siempre que enseñes, enseña también a dudar de lo que enseñas… José Ortega y Gasset

Trabajar con el objetivo de desmontar certezas, generar curiosidad, estimular ingenios y provocar ganas de investigar y experimentar, aspirar a formar personas observadoras, inquietas y críticas.

3. Formar personas observadoras, inquietas y críticas

 La clave de la educación no es enseñar, es despertar… Ernest Renan

Formar a los niños en principios básicos arquitectónicos, no con objeto de que sean arquitectos, sino con la idea de que se conviertan en usuarios formados y críticos con el medio construido que les rodea.

Favorecer por parte de los niños el conocimiento del entorno urbano en el que viven, su comprensión del mismo y posibilitar así una relación afectiva con él a través de análisis y propuestas.

4. Poner en marcha dinámicas lúdicas, participativas, experimentales y transdisciplinares

 Explícame y olvidaré. Enséñame y quizás recordaré. Implícame y entenderé… Confucio

Divulgar el conocimiento del entorno construido, la arquitectura y la ciudad desde dinámicas lúdicas, de participación y de experimentación.

Proponer actividades en equipo y pluridisciplinares, con el objetivo de compartir conocimientos y experiencias.

Educar a través del arte, considerando la arquitectura como una parte del mismo, fomentando la creatividad, la curiosidad y la educación plástica. La arquitectura permite además una lectura espacial y el acercamiento a sus formas de representación.

5. Educar desde el ejemplo

 Sólo hay una educación, y es el ejemplo… Gustav Mahler

Dar a conocer el patrimonio arquitectónico contemporáneo y pasado a través de visitas, talleres y todo tipo de actividades. Educar a través de ejemplos relevantes.

6. Fomentar la autonomía de los niños y su aportación en el diseño urbano

 ¿Qué es un adulto? Un niño inflado por la edad…  Simone de Beauvoir

Favorecer estrategias urbanas (recorrido escolar, playgrounds, etcétera) que potencian la autonomía del niño y permiten su desarrollo adecuado dentro de la ciudad.

Reivindicar el punto de vista de los niños en el diseño urbano, recogiendo y considerando sus opiniones y necesidades específicas.

 Firmantes del Manifiesto

Enlaces relacionados:

“I Encuentro Playgrounds de Arquitectura e Infancia en el MNCARS” (La Casa de Tomasa).

“I Encuentro de Educación de Arquitectura para Niños” (Jorge Raedó, fronterad)

“El juego, un lema ¿subversivo?” (Clara Eslava, Infans Fans, La ciudad viva)

“Estuvimos en la 2º Jornada Playgrounds: Arquitectura e Infancia en Barcelona” (Lluís Sabadell, CoCreable)

“Informe sobre educación arquitectónica para niños en España y Latinoamérica”(Jorge Raedó, fronterad)