emoCreativos

¿Cómo orientar a los niños hacia un APRENDIZAJE CREATIVO Y FELIZ?


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emociones, emociones y emociones

Navegando, navegando…  nos ha salido al encuentro esta propuesta:

Sin título-2

… De qué se trata:

“Viviendo emociones” es una guía básica para desenvolverse en el apasionante mundo de las emociones. Parte de una premisa clara; las emociones son energía humana, por tanto, ni se crean ni se destruyen; solo se transforman.

La guía se compone del “Manifiesto de las emociones”, un documento que proporciona unas pinceladas clave para usar la emoción de un modo efectivo en nuestro trabajo, e incluso en nuestra vida.

Y de la “Tabla periódica de las emociones”, donde se presentan todas las emociones como elementos químicos. Desde esta tabla podemos elegir las emociones, alterar sus valores y mezclarlas a nuestro gusto para generar interés y empatía. Cada emoción está enlazada a una página web donde se puede leer su definición y buscar sinónimos y antónimos.

Os animamos a usar todas estas herramientas; a observar, a probar, a distinguir todas las emociones que se transforman delante de nuestros ojos, a buscar combinaciones sorprendentes para hacer de cada web, de cada vídeo, de cada tweet, de cada empresa, de cada producto… algo realmente único

Y nos hemos unido al reto de artevía: a emocionar!!!

Aquí puedes descargarlo: tabla periódica de las emociones


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Balance entre ATENCIÓN Y EMOCIÓN en la actividad creativa

A partir del artículo publicado en la revista Yorokobu: La ecuación de la creatividad en nuestro cerebro, nos ha interesado descubrir cómo “conviven – compiten” la atención y la emoción en nuestra actividad creativa.

Marc Chagall

Cuando realizamos cualquier actividad cotidiana, en nuestro cerebro tiene lugar una verdadera competición de recursos para poder llevar a cabo lo que nos proponemos. Estos recursos son limitados: podemos, por ejemplo, mantener una conversación con otra persona mientras estamos dibujando pero en el momento en que necesitamos una mayor concentración en una de las dos tareas, reclamamos a nuestra atención que se centre en ella. Lo explica muy bien el profesor de Ingeniería Informática de la UAM y experto en Neurociencia Pablo Varona:

«La atención es un recurso limitado. La cantidad de neuronas que se reclutan para mantener esa atención es limitada y por tanto los distintos procesos cognitivos que simultáneamente puede realizar una persona tienen una limitación, esto es algo evidente»

Si nos detenemos a analizar la actividad creativa, vemos que dos de los procesos que intervienen activamente en ella y que necesitamos para crear son la atención y la emoción. Somos conscientes de necesitar toda nuestra atención y concentración mientras estamos creando algo pero también experimentamos cómo nos vamos adentrando en un gran laberinto sentimental: ansiedad y miedo, alegría y euforia, satisfacción y decepción… Ser conscientes de ello y encontrar el equilibrio entre estos dos procesos es la clave. Según Varona: 

«Balancear adecuadamente los procesos de atención y de emoción viene bien, por ejemplo, para componer una canción si alguien es músico, o para crear un cuadro si alguien es pintor. Tiene que estar muy atento a lo que está haciendo, muy concentrado en cuál es el objetivo, pero también la emoción le va guiando hacia ese objetivo”.

La emoción le va guiando: Hemos hablado en numerosas ocasiones acerca de la gran influencia que pueden tener las emociones en la creatividad. Una emoción negativa, y suficientemente intensa, puede “paralizar” nuestra actividad creadora: reclama tanta atención a nuestro cerebro que secuestra cualquier otra actividad. Como explica Varona:  “Gran parte de sus recursos cognitivos se están dedicando a preocuparse por esa situación y quedan menos para concentrarse en otras cosas. Por el contrario: ¿ qué ocurre cuando, durante el proceso creador, se genera en nosotros un sentimiento de satisfacción, de alegría ? Que el refuerzo positivo impulsa a la atención a seguir concentrada en la tarea. Se genera una retroalimentación que motiva y moviliza. Entramos en “la zona” de la que habla Ken Robinson en El Elemento, que tiene mucho que ver con apasionarnos con aquello que estamos haciendo:

“Hacer lo que amamos puede implicar todo tipo de actividades imprescindibles pero que no son su esencia: cosas como estudiar, planificar, organizar, etc. E incluso cuando estamos haciendo aquellos que amamos, pueden darse frustraciones, decepciones y momentos en lo que sencillamente no funciona o no cuaja. Pero cuando lo hace, transforma nuestra experiencia. Nos volvemos decididos y entregados. Vivimos el momento. Nos perdemos en la experiencia y damos lo mejor de nosotros mismos”.


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textos XIX… el secreto de los cuentos

“Todos los cuentos tienen que ver con el amor, que es encantamiento, atención, desvelo… Y, sobre todo, alegría. Hacer posible lo que no lo parece, reestablecer el reino de la posibilidad, eso es lo que entiendo por alegría. Y esa alegría está en todos los grandes cuentos, y es lógico por ello que queramos que los niños los lean. Y lo mejor para lograrlo es predicar con el ejemplo. Es decir, hacer que la lectura y los libros pasen a ser algo tan natural y gozoso para ellos como ver a su madre haciendo un bizcocho. Creo que no hay escena más maravillosa, más misteriosa, para un niño, pues inevitablemente cuando ve a esa persona querida ensimismada en las páginas de un libro no puede dejar de preguntarse qué es lo que hace en realidad y en qué ocupa sus pensamientos. Adentrarnos en los pensamientos secretos de los seres que amamos, eso es lo que nos permiten los cuentos. Y lo maravilloso es poder leerlos, o escucharlos, como si fuera la primera vez que se hace en el mundo, sin saber nada de ellos: ni siquiera la época en que fueron escritos, ni siquiera el idioma, si están traducidos o no. Poder leerlos, como se escucha una historia en la oscuridad, confiando que nos traiga noticias de lo que amamos, que nos consuele de esa oscuridad, que nos ofrezca motivos para seguir viviendo. […]

[…] La razón última por la que contamos a un niño una historia es buscando su felicidad. No creo que haya una razón de más peso para contársela. Hay otras: que les enseñen a ser generosos, a amar la naturaleza y a los animales, a confiar en los que quieren, a no tener miedo. Pero lo esencial es que les haga felices escucharla. Si no, ¿para qué se la contaríamos? Es como cocinar ciertos platos para ellos. Lo hacemos porque necesitan alimentarse, pero ese mundo de bizcochos, tartas de chocolate, natillas y leche frita, pertenece a lo que antes llamé el mundo del alma. Y el alma es la parte menos doctrinal y previsible del hombre, porque ama vivir sin porqués. Borges decía que quien escribe para niños puede quedar contaminado de puerilidad, y es cierto. Pero no lo es menos que el problema no está en los riesgos que se corren sino en cómo se logran salvar. Además, ¿qué es ser pueril? Somos pueriles cuando jugamos con un niño pequeño o cuando paseamos con un perro. Somos pueriles cuando amamos a alguien, cuando nos arreglamos para ir a una fiesta o cuando bailamos, y lo seremos definitivamente cuando nos hagamos ancianos. Don Quijote es pueril, y muchos personajes de Kafka también lo son. Incluso me atrevería a decir que la lectura es un acto pueril, ya que nos instala en el mundo de la irrealidad. En ese caso, ¿por qué habría de ser mala? La puerilidad no se confunde con la niñería. Tenemos vidas reales pero nos enamoramos de vidas irreales.[…]”

Gustavo Martín Garzo, “El secreto de los cuentos” publicado en el periódico El País, el 24 de Diciembre de 2007


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vulnerables?

A todos nos gusta conectar… conectar, establecer lazos, sentirnos profundamente próximos a los demas. Inmersos hoy en esa conectividad que nos mantiene comunicados a todas horas, nos preguntamos: ¿Es ésa la conexión de la que estamos hablando? ¿Sentimos que compartimos aquello que somos o aquello que nos gustaría ser, esto es: esa “mejor versión de nosotros mismos” que nos hace ser aceptados, queridos, incluidos en el grupo?

Brene Brown en esta charla TED habla de la conexión y del sentido de pertenencia. Comparte la investigación que ha llevado a cabo durante varios años, intentando descifrar el patrón que define a aquellas personas que han encontrado en la vulnerabilidad una vía para conectar con los demás.